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Pulp Fiction, 1940 · page 51 of 104

Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 51: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 51: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Rabioso, con el ojo morado y a medio cerrar, se lanz6 en tromba sobre su enemigo, pretendiendo arrollarle con una serie de punetazos alocados que Jim esquiv6é habilmente, y cuando éste salia de aquel torbellino flexioné su brazo derecho y lo dejé caer sobre el corazon del ingeniero, el cual, creyendo que se le iba la respiraci6n para siempre, se envar6 con la boca abierta, tratando de aspirar un aire que se negaba a entrar en sus pulmones. Texas, rapido como un relampago, aproveché aquel momento angustioso de su rival y le colocé el pufo en el ment6én. Dan, cogido con la boca abierta, la cerré de golpe dolorosamente; sus sienes le Zumbaron como si en su cabeza hubiesen disparado docenas de canonazos, sintid que la vista le faltaba y como un pefnasco desprendido desde las alturas cay6 a tierra encogido, quedando en una postura grotesca. Texas se chup6 los nudillos, que habian crujido dolorosamente al administrar tan duro golpe, y exclaméo: —Bien; espero que otra vez no confie tanto en su humanidad y en sus fuerzas, y no desprecie a enemigos qué, como yo, aparentan menos valor que poseen. El capataz, que habia seguido la lucha avidamente, hizo una mueca rara con los labios al ver caer al ingeniero, pero, suavizandola, exclaméo: —jPor Judas! ;Qué tiene usted en las manos, que hacen tanto dano? Yo me he peleado algunas veces con Dan, y tuve que dejarle por imposible. —Espero que no creera que le he dado con una piedra... Todo consiste en saber dar en lugar seguro. Texas recogi6 el cuerpo del caido, preguntando: —Tiene algun caballo este tipo? —Si. Ahi detras de la cabina debe estar. Lo buscé y, acercandole al caido, le atravesé sobre la silla. Luego, sacudi6é los flancos del caballo con una rama, y el animal emprendi6 un trote ligero por la senda con direcci6n al poblado. —Bueno, senores...—dijo Texas—. Este espectaculo se ha terminado. Lansky, haga reanudar el trabajo, y luego venga conmigo a la cabina de Dan; tengo que hablar con usted. El capataz empuj6 a los obreros hacia el interior para que siguiesen en su labor, y mientras se ocupaba de esto, Nino se acercé cConniclooolks C@©