Pulp Fiction, 1940 · page 50 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 50: what you’re looking at
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Dan se puso livido, y, avanzando dos pasos, gritd: —Espero que eso no lo habra dicho en serio. —Le he dado algtin motivo para suponer que soy un charlatan de feria? Preparese, si no quiere que se la de sin esperar a que se defienda. —Bien... dijo Dan—. Espero que cuando terminemos no piense usted lo mismo. Por mi parte estoy preparado. Texas se despojo de la chaqueta, que entreg6 a Stella. Esta se mordio los labios exangiies por la emocion y le miré de un modo suplicante; pero Jim, sin hacerla caso, abri6é las piernas, las asento firmemente en la tierra y grit6: —Adelante, senor oso; le espero. Nino, sin cuidarse de admirar la pelea, se puso en guardia, y con el revélver amartillado vigilaba a los obreros, temeroso de que pudiese surgir alguna traicion. Dan, rabioso al observar que no habia impresionado a su enemigo con la amenaza, tanted la guardia de éste y se lanz6 a fondo. Poseia dos formidables pufos y una fuerza poco comtn, y confiaba en dominar a su adversario con su fiera humanidad. Pero Jim era un hombre elastico y agil, dificil de sorprender. Todos los esfuerzos del ingeniero se estrellaban en su movilidad y dominio de aquella clase de lucha. Dan se enfurecia a medida que Texas le obligaba a cansarse tratando de deshacerle el rostro de un golpe eficaz, y Jim, sereno y calmoso, se reservaba para cuando su enemigo, quebrantado por el esfuerzo, no constituyese un serio peligro para él. Esta tactica le valid recibir algun golpe de refil6n que no pudo evitar, pero sus agiles movimientos evitaron que los duros golpes de Dan le causasen quebranto alguno. Fl ingeniero jadeaba como una res después de una loca carrera, y se preguntaba qué sabria hacer aquel individuo ademas de defenderse, pues no le habia visto amagarle en serio para hacerse una idea aproximada de su tactica agresiva. Pero cuando tuvo ocasién de empegar a comprobarla lo hizo con fiero dolor. El primer punetazo lanzado por Jim a la cara de su rival le alcanz6 en el ojo derecho, y Dan creyé que se habia hundido sobre él medio talud, pues el dolor fue como un cuchillo clavandosele hasta la medula. cConniclooolks C@©