Pulp Fiction, 1940 · page 16 of 104
Aventuras de Jim Texas: La herencia trágica — page 16: what you’re looking at
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pequenos pueblos y a cada pregunta que hacia, Nino respondia mecanicamente: —Todo esto es del patrén. —jOh! —exclamaba Stella—. Pero, debe ser inmensamente rico. —Creo yo que si. Su padre le dej6 mucha hacienda, pero él la multiplic6 o asi. Si quisiera, podria levantar en armas cientos de colonos que se dejarian matar por él. —Y teniendo tanto dinero expone su vida corriendo aventuras en las que se juega la vida a cada minuto? —jPsh! Manito Texas es asi y no mas que asi, senorita. Se aburre de ganar dinero sin peligro y lo echa de menos, creo yo. ¢Ve usted todo eso? Pues es tan mio como suyo y sin embargo, yo también prefiero la vida azarosa, jmaldito sea Jalisco! Aqui se le pudren a uno los huesos o asi, vigilando las reses, cuidando los pastos, teniendo que ocuparse de la alfalfa y el maiz... jBah! La vida aqui es un asquito. —No diga esas cosas, Nino. La vida aqui es un paraiso. —Bueno, para usted puede, para nosotros no. Hemos nacido para pelear y aqui ya no hay quién quiera pelear con manito Texas. Por eso tenemos que ir a buscar las riNas mas alla, jrepinto! Cuando los tres a caballo penetraron en el largo camino que conducia desde la carretera al interior de la hacienda, infinidad de peones ocupados en sus faenas se detenian un momento para agitar sus sombreros al aire saludando al patrén y luego volvian a su trabajo sin mas expresiones de regocijo, hasta que al fin penetraron en un bello jardin que rodeaba el rancho. Un peodn salid a recibirles dandoles la bien llegada e inmediatamente dos criadas acudieron a hacerse cargo de Stella, sin demostrar extraneza ni curiosidad por la llegada de la joven. Esta desapareci6 con ellas en el interior de la hacienda y poco después, salia a recibirles un hombre ya entrado en anos, de rostro inteligente y mirada aguda. El viejo, que era el administrador, salud6 con la mano, diciendo: —Bienvenido, senor. ;Nada nuevo? —Nada, don Jaime. :Y por aqui? —Todo igual, senor. La gente se porta como de costumbre. Los libros estan al dia y puede examinarlos cuando guste. —Quiero suponer que, como de costumbre, estaran bien, don cConniclooolks C@©