Pulp Fiction, 1940 · page 94 of 104
Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 94: what you’re looking at
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tarde en la casita del rio. Hablé con el sargento, para que dejase dos hombres en el interior custodiandola. Todo el que intentase penetrar en ella, seria detenido llevandole ante el jefe de policia y ya advertiria a éste para que le avisase en el momento que hiciese alguna detencion. En cuanto a la villa de Spack, ésta pertenecia legalmente a Vera y aun no habia llegado el momento de acusar a éste con seriedad de algo concreto. La permitiria volver a ella cuando la pusiese en libertad y la baria objeto de una severa vigilancia, para cortar su contacto con Zenker, si éste no aparecia por alli. Con los documentos adquiridos, se retir6 en union de los policias, dirigiéndose al cuartelillo. Nada sospechoso descubrio al salir. Sin embargo, desde su lIlegada, habia sido vigilado astutamente por el propio Spack, el cual, escondido en las inmediaciones con ocho hombres armados de revolver, estaba esperando su segura aparicion. Pero sospechando que sucediese lo que habia sucedido, no quiso ser sorprendido en el interior. Si Texas era tan osado que aparecia solo, hubiese penetrado en la casa con sus pistoleros para acabar con él, mas acompanado de la policia, se consideraba impotente para intentar nada. Washington no era el Oeste, donde en plenas poblaciones se podia apelar al revélver impunemente y atacar incluso a la autoridad. Asi, mordiéndose los labios con ira, tuvo que asistir a la requisitoria sin poder intervenir como era su propésito. Lo que no sospeché de momento al ver salir a Texas con los policias por la puerta de la villa, era que habian descubierto la comunicaci6n de ambos edificios. De haberlo sabido con certeza, seguramente se hubiese jugado el todo por el todo antes que consentir que documentaci6n tan comprometedora como la que poseia, cayese en manos de quien sabria hacer un terrible uso de ella. Asi les vio marchar rechinando los dientes con ira y cuando los consider6 lejos, decidié6 volver a la casita, pero su instinto avisado, le advirti6 a tiempo de la trampa en que iba a caer. Sobre el piso terroso de la cerca, descubri6 huellas que demostraban que también alli se habia registrado y prudentemente desisti6 de entrar. Pondria un vigilante oculto a la otra orilla del rio para que no perdiese de vista la casita hasta cerciorarse de que dentro no cConniclooolks C@©