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Pulp Fiction, 1940 · page 85 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 85: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 85: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jEs usted un demonio de la tierra! —Y usted un angel que cay6 equivocadamente en ella. Durante el viaje, discutieron mucho este asunto, pero Jim se mostr6 inflexible y ella tuvo que resignarse. En medio de sus angustias, una ola de felicidad le embargaba. Estaba libre de sus enemigos y junto al hombre que sin él ni ella pretenderlo, estaba constituyendo todo en su vida. Dos dias mas tarde, se apeaban en la estacion de Ataflord, donde no eran esperados, pues Texas no habia comunicado su llegada. Como la distancia hasta el rancho realmente no era agobiadora, la hicieron a pie gozando de la caricia de un sol fuerte entibiado por una fresca brisa que venia del bosque y las montanas y cuando se acercaban a la hacienda, una figura voluminosa que les habia descubierto, avanz6 como un enorme bloque de piedra corriendo a su encuentro. —jPor los cuernos del demonio!... jMaldita sea Sonora... Pero... jsi es la senorita Stella! —grit6 Nino. Esta, emocionada, le echo los brazos al cuello, dandole un beso en las atezadas mejillas y Nino, mirando de reojo a Texas para comprobar el efecto que a éste le hacia aquel beso espontaneo, mascull6: —jBueno va, senorita Stella, maldita sea Jalisco! Creo que se equivoca usted... Yo no soy... Texas adivino lo que iba a decir y acercandose, le aplicé debajo de la espalda la punta de su pesada bota, exclamando: —jCallate, pedazo de bestia, maldita sea todo Méjico a un tiempo! Cada vez que abres la boca es para decir alguna sandez. Nino se rasco la parte dolorida y torvamente farfulld: —Bueno, manito, pero esta patada, esta patada te la debia devolver por idiota. Stella intervino para calmar al mejicano y avanzaron hacia el rancho, del que ya Kildar salia a recibir a los viajeros. —jBravo, Texas! —exclamé—. Veo que ha triunfado en toda la linea... La cosa bien merecia la pena y si yo hubiese estado en su pellejo de usted, habria hecho lo mismo o mas por ella. Texas, ruborizandose, exclamo: —Gracias, Tildar, en mi nombre y en el de Stella. gVamos para adentro? ;Qué tal se ha portado la prisionera? cConniclooolks C@©