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Pulp Fiction, 1940 · page 75 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 75: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 75: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

muchacha, y Snok, le aseguraba que excitaba el celo de dichas autoridades para que, a costa de lo que fuese preciso, se lograse descubrir el escondite donde se encontraba Stella. Texas qued6 tranquilo de momento. Tenia confianza en la actuaci6n de dichas autoridades y, por su parte, a tan larga distancia, no podia hacer nada sin perder algunos dias en el viaje y en iniciar unas gestiones que acaso fuesen tardias. Por otra parte, no se atrevia a ausentarse y dejar a Vera a merced de un tercero, aunque éste fuese Nino. No desdenaba el teson de su terrible enemigo y le sabia capaz de apelar a muchos trucos, alguno de los cuales podia salirle bien cuando menos se sospechara. Si se descubria rapidamente a Stella, la haria venir al rancho bien escoltada y alli dilucidaria con Vera el asunto de la herencia, sin cuyo saldo la hija del financiero no saldria de sus manos. Luego la pondria en libertad, aunque sabia que constituiria un peligro para él, pero era incapaz de matar a una mujer si no era en un momento de crisis de nervios muy justificada y, por otra parte, sabia que Vera, aunque mala, no era tan temible si lograba capturar a Zenker. Este era el eje de la situacién y contra él tenia que dirigir la lucha. Después de eliminado, Vera tendria que resignarse a declararse vencida y a vivir su propia vida en un marco estrecho, que ya no podria inquietar a Texas. Y dominado por la angustia, se dedicé a esperar alguna noticia que le diese la pauta de lo que debia hacer. Aquel dia visit6 a Vera para darle cuenta del nuevo fracaso de Zenker. La joven ya lo habia adivinado al captar el tiroteo de la noche, y sin dar a conocer la rabia que le habia producido la noticia, exclam6: —Bien, no puedo hacer mas que lamentarlo. Este es un juego en el que unos ganan unas bazas y otros, otras. Algtin dia nos tocara a nosotros. —No lo discuto, pero... cuando Ilegue ese dia, habran perdido tanto, que no les compensaran. Preparese a recibir una nueva sorpresa. — Cual? —pregunt6 ella palideciendo. —Ya se lo diré dentro de poco. Sera algo desagradable para usted, que le hara perder la fe en su futuro y tenaz esposo. No creo cConniclooolks C@©