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Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 74: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 74: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

excitado: —Dices que Zenker afirméd que Stella se encuentra en las proximidades de Austin? —FEso me dijo el pringao, creyendo que no iba a poder escapar de sus manos. —Bien, tengo que estudiar si me adelanto a él y vuelvo a Austin, pero de momento voy a intentar algo para rescatarla. En cuanto sea de dia telegrafiaré desde el poblado al gobernador de Austin y al capitan de los batidores, para que la busquen por todos los medios. Telegrafiaré también al secretario de Estado para que les acucie a movilizar todos sus recursos. Espero que no se pueda mover una hoja de arbol alli, sin que lo controle la policia. Me parece que Zenker ha cometido una imperdonable torpeza yéndose de la lengua contigo. Poco mas tarde amanecia, y Nino, acompanado de algunos hombres del rancho, dieron una batida por los desmontes y el boscaje, descubriendo cuatro cadaveres entre los helechos. También encontraron el calesin donde Nino lo habia dejado oculto, pero no al que dejo atado. Nino se hallaba muy satisfecho del resultado de su actuacion. El volteo a lazo que le habian dado por primera vez en su vida, habia costado siete muertos a sus enemigos y el gigante mejicano repasaba atentamente sus revodlveres, mirandoles con tanta insistencia, que el capataz del rancho pregunt6: — Qué les pasa a sus juguetes, amigo? ;Acaso han reventado de tanto escupir plomo? —Que va, manito? replic6o—. Es que, jmaldita sea Guadalajara!, ya no sé ddnde pintar mas muescas en estos cacharros. Voy a tener que poner el canon a un arbol o asi, para conseguir llevando la lista. Y suspirando con disgusto monto en el calesin, y lo traslad6 al rancho en espera de mejor ocasiédn para devolverlo a los alquiladores. Cuando se hizo de dia, Texas monté a caballo y se dirigié a Ataflord, cursando sendos telegramas a Austin y Washington pidiendo ayuda. Aquella noche misma recibi6 las respuestas. El gobernador y el jefe de los «rangers» prometian remover la regién en busca de la cConniclooolks C@©