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Pulp Fiction, 1940 · page 6 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 6: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 6: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Nino se daba cuenta del dolor de Jim por tan sensible suceso. Pese a las negativas rotundas de Texas, se adivinaban que éste habiase interesado por la joven huérfana mas que él pretendia y Nino a pesar de su tosquedad y pocos alcances, estaba seguro de que su jefe sufria en aquellos momentos uno de los mas lacerantes dolores de su vida. Con los caballos extenuados lIlegaron a la casita de las afueras, donde aparentemente reinaba la calma. Todo se hallaba en silencio y el edificio aparecia cerrado. Jim aporre6o la puerta brutalmente, y alguien asomo la cabeza por una ventana, armado de un impresionante rifle, pero al descubrir la gallarda silueta del capitan, advirtio: —jOh, Jim, un momento, voy ahora mismo! Poco después, la puerta se abria y el viejo companero de Texas con voz balbuciente, exclam6o: —jPor fin has llegado, Texas! ¢Te dieron mi carta? —Ahora mismo... jPor favor! ;Quieres decirme cémo...? —Pasa Jim, estoy mas atribulado que tu... no grites... Mi mujer esta enferma del susto... jFue algo horrible! Les hizo pasar a un pequeno despacho y tratando de serenarse, anadi6: —Te diré lo poco que puedo, aunque me figuro que de nada te servira. «A la noche siguiente de marcharte, nos acostamos relativamente temprano. Tu joven protegida parecia muy contenta de hallarse entre nosotros y se retird a su estancia a descansar, mientras nosotros lo haciamos en la nuestra «Stella tenia asignada una alcoba en el ala derecha de la casa y nosotros en la izquierda. Como has visto, un pasillo corre a ambos lados y nos distancia unos seis o siete metros. «Estabamos completamente dormidos cuando un terrible crujido nos sobresalt6 y al incorporarme asustado en el lecho, descubri que la puerta habia sido forzada de un terrible empujon por tres tipos de aspecto repulsivo, los cuales amenazandonos con sus revolveres, nos ordenaron no movernos si no queriamos que nos dejasen clavados en el lecho a tiros. «Mi esposa de la impresi6n se desmay6 y yo nada podia hacer, pues estaba desarmado frente a tres impresionantes “Colts”. cConniclooolks C@©