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Pulp Fiction, 1940 · page 59 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 59: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 59: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

en aquellos momentos no se hallaba en la villa, por estar esperando a Zenker donde éste le habia citado. Tampoco al dia siguiente dio muestras de impaciencia. No quiso salir de su habitacion y alli le fue servida la comida. Texas, preocupado, estudiaba la forma de hacer saber a Zenker que la vida de Vera dependia de la de Stella y queriendo encontrar una f6rmula para conseguir el rescate sin denunciar el lugar donde tenia escondida a la hija de Spack, discutid mucho el asunto con el ranchero y por fin tomo una decision. Devolveria el calesin a Washington con Nino y haria llegar una carta a la villa a nombre de Zenker, proponiéndole el cambio. El secretario daria libertad a Stella, la cual deberia ser entregada al secretario de Estado. Este le comunicaria la libertad de la muchacha y él prometia poner en libertad a Vera, sin perjuicio de que terminada esta tregua continuase la enconada lucha. Con este plan, escribié la carta y al dia siguiente dio orden a Nino de partir a Washington a devolver el carruaje y a entregar la misiva, advirtiéndole que tuviese cuidado no fueran a seguirle y denunciara sin querer el lugar donde se hallaba la joven. Nino partid con el carruaje sin grandes precauciones. Estaba seguro de que después del, fracaso sufrido, Zenker habria huido perdiendo su pista y que nada tenia que temer en el viaje. Asi galop6 hasta el estrecho paso, donde le habian tendido tan habilmente la emboscada y solamente cuando sinti6 ondear el lazo sobre su cabeza se dio cuenta de la trampa en que habia caido. Como un bloque de piedra rod6 del pescante a la senda, trabado como un novillo y al caer, arrastr6 tras si al habil lacero, quien estuvo a punto de romperse todos los huesos al verse deslizar desde aquella altura. Por fortuna cay6é sobre los caballos, estando a punto de ser obsequiado con una traidora coz, pero se libré del percance y tuvo animos para retener el lazo y tirar de él, hasta que parte de sus companeros caian sobre Nino tratando de acabar de inmovilizarle. Pero no habian contado con las herctileas fuerzas del gigante mejicano. Este, no pudiendo accionar sus terribles brazos, hizo un esfuerzo y trat6 de rodar por la tierra arrastrando tras él a cuatro indeseables que tiraban del cuero y aunque acudieron en su ayuda otros forajidos y materialmente aplastaron a Nino con el peso de su cConniclooolks C@©