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Pulp Fiction, 1940 · page 31 of 104

Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 31: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Golpe por Golpe — page 31: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

yo vuelva. —jRepinto! ;Ddénde diablos te marchas ahora, manito? —Vuelvo a Washington. Tengo que arreglar las cosas para guardar como una joya a este monumento. No olvides que su vida guarda la de Stella. —jOh, si, caramba, lo habia olvidado! Pero, ;dénde la vamos a llevar? No podemos viajar con ella mas que por sitios como éste. —Precisamente, y quiero evitarlo. Si no estuviésemos a tantas millas, me la llevaria a mis posesiones de California; pero esto no es posible. Tenemos que situarnos en un lugar mas cercano, y he pensado en alguien que nos ayudara con gusto. — En quién, manito? —Te acuerdas de aquel ranchero a quien salvamos su rancho en Milford, cuando los sudistas lo tenian cercado y pretendian incendiarlo? —jDiablo, claro que me acuerdo, creo yo! Se llamaba Kildar. —Justamente. Pues pienso dirigirme alli. Hay unas cuantas millas, pero Virginia es un Estado ahora tranquilo y se puede viajar bien por él. Haré que me alquilen un carromato, y ti guiando y yo cuidando de ella, la podemos trasladar sin llamar la atenci6n. Una vez alli, podré moverme con libertad para organizar el ataque a Zenker. Presumo que tendré que regresar a Washington, y cuando lo haga y sepa que le hemos robado a Vera, pondra los cascos en el cielo. —jEso va bueno, manito! Vete, pero, jrepinto!, no tardes, o no respondo lo que haré con esta gatita. Te juro que si vuelve a sacar las unas, se las corto con mi cuchillo o asi para que no le crezcan en un ano. A pesar de lo avanzado de la hora, Texas monté de nuevo a caballo y se encamin6 a la capital, donde lleg6 casi de madrugada. Como no era hora oportuna para molestar a nadie, se resigné a esperar, y en un modesto hotel se refugi6 a dormir hasta las nueve de la manana. A esa hora se dirigid a unos barracones de extramuros donde alquilaban carruajes para viajes cercanos o traslado de mercancias, y solicit6 una pequena, diligencia o un calesin cerrado. Alegé que tenia que trasladar a un enfermo a un poblado de Virginia, cerca de Richmond, y la necesitaria por cuatro o cinco dias. cConniclooolks C@©