Pulp Fiction, 1940 · page 99 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 99: what you’re looking at
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sabia lo que se hacia. A lo mejor, tendria todo preparado por si le fallaba el golpe. Ahora tenemos que resignarnos y volver a empezar. —FEs lastima. Con lo a gusto que me iba a cobrar aquellos culatazos de rifle que me mand6 dar. El sargento no sabia qué hacer en tan grave caso, y Texas dijo: —No cabe mas que se queden ustedes aqui custodiando el oro, mientras nosotros nos dirigimos a Austin a pedir el envio de un nuevo carruaje y gente que ayude a subir las cajas. No creo que suceda nada. En dia y medio podemos llegar alli y volver con lo necesario. Si envia usted un hombre donde qued6 nuestra diligencia, alli encontraran alimentos y odres de agua para esperar sin agobios. —Bien —dijo el sargento—. Usted es quien dispone. A pesar de la fatiga y de las muchas horas que Ilevaban en vela, siempre en constante tensidn nerviosa, Texas y Nino montaron a caballo y a todo galope emprendieron la marcha. Fue una carrera desesperada y agotadora. Casi durmiéndose en los caballos, entraron en Austin muy avanzada la noche, y a pesar de lo intempestivo de la hora, se dirigieron al palacio del gobernador, el cual habia dado orden de despertarle si en cualquier momento Texas aparecia solicitando verle. El gobernador se levant6, recibiéndole con ansia, y Texas, que estaba derrengado del exceso de trabajo, cont6 brevemente toda su odisea. cConniclooolks C@©