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Pulp Fiction, 1940 · page 94 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 94: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 94: Pulp Fiction, 1940

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abandonada. Alli debemos esperarles, y, por otro lado, conviene alejarse de esos rufianes todo lo posible, por si se dan cuenta de la burla y nos buscan... A paso vivo retrocedieron en busca del vehiculo. Nino echaba espumad por la boca, y vociferaba. —jMaldito sapo de Zenker! Y ti que creias que estaba oculto y llorando sus penas o asi debajo de alguna piedra... —Si —afirm6 Texas sinceramente—. Me he equivocado con él. Es mas, duro y listo que le suponia. Lo que no me explico es cémo nos ha localizado y pudo enterarse de esta expedicion llevada con tanto secreto. jEs el mismo diablo en persona! —Guteno, manito, y como no le chamusquemos los cuernos a ese pringao, nos los va a clavar algun dia... Hay que hacerlo, manito. No le perdono que me ha llamado gringo... jGringo a mi, maldita sea Sonora! Le haré tragarse el insulto envuelto en pildoras de plomo. Texas no contest6. Estaba mas preocupado que Nino suponia, y no por el oro, que estaba seguro de rescatarlo, sino por la presencia de Zenker cuando menos la esperaba. Le habia amenazado con revelarle cosas amargas, seguro de que no se le iba a escapar de las manos, y Texas se preguntaba con inquietud qué cosas serian aquéllas, que debian encerrar un fondo terrible. Llevaban andando mas de una hora para desandar el camino, cuando Mendoza se envaré. Acababa de captar lejos el trote de un caballo. —Malo, manito —dijo—. Si es algtin otro enemigo, como no le tiremos piedras... Y, en prevision, se armo de dos enormes pedruscos. Se pegaron a las paredes de los taludes para ampararse en su sombra y esperaron llenos de angustia y esperanza a la par. El trote parecia de dos caballos y avanzaban desde la parte baja del desfiladero. Poco mas tarde los dos jinetes avanzaron sin descubrir a los fugitivos hundidos en las sombras, y Texas capt6 unas palabras que le colmaron de alegria. Una voz reconocida decia al pasar: —Sargento, le juro que no me explico cOmo han podido irse y cConniclooolks C@©