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Pulp Fiction, 1940 · page 80 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 80: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 80: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

montanas. Pero la busqueda result6 infructuosa y Zenker bramaba como un toro herido al saberse burlado. Las horas fueron transcurriendo en una tensi6n nerviosa para los forajidos. Zenker anhelaba que rompiese el dia para intentar un registro mas a fondo y Bill preocupado mas que con los fugitivos con el contenido de las cajas, cambiaba impresiones en voz baja con algunos de sus companeros, decidido a maniobrar por su cuenta. Habia adivinado que aquello era oro y como buen forajido, estaba maquinando un plan en el que se desharia de Zenker para apropiarse el codiciado tesoro. Por fin amanecié y Zenker, que era hombre astuto y también conocia a los hombres de su especie, grit6: —Mucho cuidado con lo que hacéis. Si creéis que sin mi ayuda vais a poder apoderaros de esto, estais muy equivocados. Los hombres que han huido son los enemigos mas formidables que podéis encontrar en todo el Oeste y os cazarian lo mismo que a conejos. No seais idiotas y no juguéis con vuestro pellejo. Zenker hablaba escudado en la diligencia con el revdlver empunado. Sabia con qué clase de gente tenia que habérselas y tomaba sus precauciones. Bill refunfund algo ininteligible al saberse adivinado en sus intenciones y cambi6d una rapida mirada con algunos de sus hombres. Habia que esperar un poco, pero Zenker sabia que no seria mucho. Se habian diseminado por la aspera senda, dispuestos a buscar a los fugitivos, cuando uno de los bandidos que se habia corrido al borde del talud, exclam6: —jEh, aqui veo unas huellas demasiado grandes para nuestros pies! Parece como si hubiese pisado un gigante. La respuesta no lleg6é a su oido, vibraron casi al unisono tres detonaciones y tres forajidos, uno de ellos Bill, cayeron con la cabeza atravesada de tres mortales balazos. El panico reinéd entre los rufianes. Algunos se revolvieron disparando a lo alto, rabiosos al saberse enganados pero nuevamente tronaron las armas de los evadidos y otros dos forajidos mordieron el polvo del sendero. La cuadrilla se habia diezmado quedando en la mitad y Zenker, cConniclooolks C@©