Pulp Fiction, 1940 · page 56 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 56: what you’re looking at
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Iniciarian un gran eclipse hasta alcanzar el Colorado por la parte alta de la poblacién y entrarian en Austin por el norte, uniéndose a la linea de diligencias que llegaban de Mason y Llano. El proyecto agrad6 gobernador, quien prometi6 enviar gente de confianza a varias millas antes de llegar a Austin, para escoltar el vehiculo a su paso por la capital. Luego le present6 al empleado del Banco que recomendara como una ayuda eficaz para el viaje. Llamabase James Walker y era un individuo alto, grueso, fuerte como un roble, y a Jim le causé un buen efecto. Los tres se despidieron del gobernador, y a la manana siguiente, tomaron el tren camino de San Antonio. Nada sospechoso observaron al subir al vag6n, y, sin embargo, media docena de individuos, que procuraron pasar lo mas desapercibidos posible, tomaron asiento en diversos vagones, siendo uno de ellos el propio Zenker. Este habia dispuesto de dos dias para organizar sus planes con toda calma y su dinamismo y acometividad habian dado el fruto deseado. Texas contaba con su arrojo y astucia, pero Zenker supo tomar medidas para hacer frente a estas eventualidades, casi seguro de que esta vez no sufriria un nuevo fracaso. Jim se dirigi6 directamente al hotel, donde dejé a Nino, y luego visit6 al directo del Banco, el cual le dijo: —Ya me han anunciado su llegada. Todo esta preparado para esta noche. — A qué hora? —A las doce llegara la primera diligencia, que cargara en media hora. A la una menos cuarto en punto, se detendra aqui la segunda. Si quiere, puede venir a las diez y quedarse en mi despacho. Luego nos ayudan ustedes a cargar el oro. —Perfectamente. A esa hora estaremos aqui. No queriéndose dar a ver hasta la hora convenida, se encerré en el hotel con sus dos companeros, a los que dio cuenta de la misi6n que les habian confiado y de las precauciones tomadas para llegar sin contratiempo alguno. Nino se mostraba desencantado. Habia sonado con darle gusto al dedo y presumia que se iba a aburrir soberanamente, paseandose encajonado durante unos dias por desfiladeros y montanas, sin mas diversi6n que tirar a los alces. cConniclooolks C@©