ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 93 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 93: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 93: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

camino. Durmieron hasta las ocho de la manana, y a esa hora decidieron seguir la busqueda, pero antes solicitaron del jefe del puesto algunos comestibles que les permitiesen pasar unos dias en la montana si era necesario. El jefe les facilit6 algunas latas de conserva, un buen trozo de tocino anejo y una gran torta de maiz, Unicas viandas de las que podia disponer y cuyo importe abondé Texas generosamente, y, ya con aquellas reservas, se decidieron a continuar la busqueda. Por la primera mella del talud que encontraron se filtraron en la montana, y pacientemente trataron de orientarse para no perderse en aquel laberinto de rocas. Se sabian cerca del campamento de Brigham, cosa que facilitaba la orientaci6n, pero atin tardaron todo aquel dia en alcanzar un lugar reconocible. Fué el mugido de la torrentera por donde habia caido Zenker el que les descubrio el lugar donde se encontraban, y, haciendo noche junto a ella, emprendieron la marcha al otro dia. Poco a poco consiguieron llegar al lago. Aquello no creian que les sirviese para nada, pero al menos se encontraban en lugares conocidos. Hacia frio en la montana y el aire soplaba con violencia aranando sus carnes, pues al emprender la persecucién no sé encontraban equipados para permanecer en aquellas alturas varios dias. Pero, sobreponiéndose a las fatigas fisicas, continuaron avanzando, escalando monticulos, registrando el paisaje y calculando los posibles lugares por donde el fugitivo podia haberse internado. Se hallaban entregados a tan ardua tarea, cuando Nino grit6é desde lo alto de un penasco: —jEh, Born! ;Qué diablo de pajarraco es ese que vuela por entre aquellas piedras a su derecha? Born, atento a la indicacién, revisé los penascales, descubriendo el extrano pajaro, que no era otra cosa que el sombrero que el huracan habia arrebatado de la cabeza de Zenker. Born corrio tras él hasta alcanzarle y se lo mostr6 a Texas. Este, después de examinarle, exclam6: cConniclooolks C@©