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Pulp Fiction, 1940 · page 80 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 80: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 80: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

y éste, dolorido, salt6 elasticamente, ganando la calle en el momento justo en que un alud de gente despavorida inundaba la calzada alocadamente, huyendo de los alrededores de la carcel. El intento de asalto habia fracasado tristemente. Cuando, tras improbos esfuerzos, habian conseguido echar abajo las puertas e iban a irrumpir gozosos en el interior, dos docenas de rifles encahonando la entrada barrieron ésta, produciendo una terrible carniceria en la masa de asaltantes, y, aunque los mas osados dieron la cara tratando de arrollar a los policias, éstos, desde el interior, se defendian bravamente, sin permitir a nadie pasar de las derruidas puertas. Tampoco el intento de asaltar las ventanas tuvo éxito. Un retén de policia que habia seguido discretamente a los manifestantes se sum6 a los defensores, disparando desde los lugares adyacentes, y a poco de entablarse la pelea, los mormones, considerandola perdida, empezaron a flaquear, separandose del edificio y manteniendo un fuego desesperado desde los lugares mas proéximos, para dar tiempo al resto de los manifestantes a alejarse de alli. Un panico enorme acometioé a los que solamente habian acudido a manifestarse, sin nociones de lo que mas tarde iba a suceder, y huyendo alocadamente, se diseminaron en tropel por las calles proximas, para ponerse lejos del alcance de aquella intensa Iluvia de proyectiles. Los policias, al observar el repliegue de los mormones, abandonaron el interior de la carcel y se lanzaron en persecucié6n de los que mas se habian destacado en el asalto, persiguiéndoles a tiros y siendo contestados en idéntica forma. La balumba humana que afluia por la calle mas préxima a la carcel se corrid como un rio desbordado, precisamente en el momento en que Zenker, temiendo ser alcanzado por sus enemigos, lanzaba su caballo calle arriba. La suerte hizo que figurase en vanguardia de los huidos, encontrando el camino despejado para galopar furiosamente, en tanto que Texas y sus amigos, cuando llegaron a la salida de la callejuela para enfocar aquella otra via mas ancha, se viesen detenidos por la riada humana que les impedia avanzar libremente. Texas, furioso, descubri6 el caballo de Zenker galopando ya lejos, y, ciego por la rabia al observar que aquel incidente cConniclooolks C@©