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Pulp Fiction, 1940 · page 61 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 61: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 61: Pulp Fiction, 1940

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mientras me demuestra que es verdad lo que dice. Pero de repente, pensd que el pico era un arma poderosa en manos de su rival y asiéndole nerviosamente por el mango, grit6: —jNo!... jYo cavaré!... Retirese como me ordeno a mi que lo hiciera. Zenker adiviné el motivo que impulsaba al mormon a cambiar de idea y sonri6. Habia adivinado su propésito de emplear el pico contra él, pero atin tenia otro proyecto que no habia usado para librarse de su rival. Mas no habia lIlegado el momento de ponerlo en practica, solamente cuando la emoci6én de descubrir el tesoro le embargara, obligandole a distraerse, seria llegado el momento de jugar tan decisiva carta. Se retiré a diez metros, siempre con el pesado revélver de Head en la mano y le contempl6 indiferente, mientras picaba. Estaba casi seguro de que no le dejaria disfrutar de la mas pequena fracci6on del botin y esto le tranquilizaba. Head cavaba con furia, levantando a cada picotazo la cabezo para asegurarse de que su enemigo no habia cambiado de lugar y que seguia colocado a una distancia imposible de caer sobre él por sorpresa y mas tranquilo por esta seguridad, manejaba la herramienta febrilmente, anhelando convencerse de que no habia sido enganado. Por fin, después de ahondar casi medio metro, al meter el pico y remover la tierra con él, observ6 cOmo surgian varies monedas de oro y alguna otra alhaja mas. Un brillo extrano fulgur6é en sus ojos ante el deslumbrante recibimiento. Ahora estaba convencido de que Zenker le habia dicho la verdad. Levanto las monedas triunfalmente mostrandoselas a Zenker, quien con los nervios tensos, pregunto: — Se convence usted ahora? —Si, ahora si. Repartiremos buenamente y seremos ricos los dos. Mas confiado, siguid manejando el pico con ardor y cuando la tierra estuvo removida, metid las manos y extrajo, entre ellas, monedas de oro, sortijas, collares, pendientes y otras alhajas y dominado por la fiebre del egoismo, las tom6d a _ punados, poniéndose de rodillas ante el agujero y acariciandolas con amor. cConniclooolks C@©