Pulp Fiction, 1940 · page 53 of 102
Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 53: what you’re looking at
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Pero como el ansia de posesi6én era irrefrenable, cuando estaba a punto de amanecer crey6 haber encontrado la férmula, que no dependia de él exclusivamente, pero que casi estaba seguro de poderla llevar a la practica. Poco después de amanecer, los mormones abandonaron sus mantas tendidas en tierra y salieron al exterior a desentumecer sus nervios al sol y Head aprovech6é aquel momento que qued6 dentro con Zenker, para decirle: —Escuche, senor Lane, he pensado qué hay que tomar muchas y buenas precauciones para entrar en Salt Lake sin llamar la atencion, pues la policia gubernativa vigila mucho temiendo un estallido de nuestra secta por causa de la prisi6n de Brigham. Por ello, he pensado que penetrar ocho hombres unidos en el poblado, puede despertar sospechas y estropear todos nuestros planes. —De acuerdo. ¢Por qué lo dice? —Porque he pensado, que como mis amigos habitan en el poblado y son conocidos, no llamaran la atencién de ellos, solos y pueden entrar y salir libremente. Creo que lo mejor es enviarlos por delante, pues yo sé dénde debemos reunirnos mas tarde y luego, Usted y yo, por un lugar que yo senalaré como mas facil, penetrar nosotros sin mas compania. «Yo le llevaré a usted directamente a la casa donde estara usted seguro sin que nadie le descubra. Ellos ya saben, cual es y acudiran alli a recibir 6rdenes uno a uno, sin llamar la atencion de nadie. A Zenker le parecié bien la idea y la acepto. —Tiene usted razon, Head —dijo; seria terrible qué cuando podemos hacer mucho, una imprudencia nos estropease nuestros planes. —Entonces, no hay mas que hablar. Cuando, esté el café hervido, les daremos de desayunar y les mandaremos por delante y un par de horas mas tarde, salimos nosotros por un camino mas corto y directo que yo solo conozco. Ya de acuerdo, Head tuvo que, realizar esfuerzos terribles para ocultar la alegria que le dominaba. Ahora estaba seguro de que el tesoro seria suyo y ardia en deseos de echar de alli a sus secuaces. Les sirvid el café con unos pedazos de torta y cuando lo hubieron ingerido, exclamo: —Bueno, muchachos, manos a la obra. Vais a caminar por cConniclooolks C@©