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Pulp Fiction, 1940 · page 52 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 52: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 52: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

vista. Con ansia, siguid cavando hasta que el hoyo alcanz6é un metro de profundidad. Ahora estaba seguro de que no podia haber ahondado mas y, sin embargo, sdlo habia encontrado tierra en sus excavaciones. Furioso, la removiéd y, al hacerlo, descubri6 entre ella una moneda de oro, moneda que sin duda habia pasado desapercibida para Zenker al rebuscar lo ocultado. El hallazgo le revel6é la burlona verdad. Aquel astuto gentil se habia arrepentido de dejar alli su botin y mientras él habia estado en la ciudad, se apresur6é a extraerlo, pero ;dénde podia haberlo enterrado? Estaba seguro de que encima no lo llevaba, pues el bulto resultaria demasiado grande y era indudable que lo que habia hecho habia sido cambiarlo de lugar. Pero... ¢d6nde? Esta era una incdégnita que no podia resolver por si solo. Aquel espacio era ilimitado y toda la tierra se prestaba a acoger en sus entranas el tesoro. S6lo sabiendo ciertamente donde estaba enterrado, se podia localizar, y ahora, no sdlo su trabajo habia sido estéril, sino que se sentia burlado de un modo cruel. Pero no por ello se hallaba dispuesto a renunciar a poseerlo. Sabia que por sus propios medios no podria encontrarlo, pero obligaria a Zenker a confesar dénde la habia trasladado, aunque para conseguirlo tuviese que estarle triturando durante un mes entero. Lo embarazoso era que si se apresuraba a intentar saber el escondite, sus companeros se llamarian a la parte, cosa a la que no estaba dispuesto. Tenia que ser exclusivamente para él y tenia que eliminar el peligro de sus amigos. ¢Cémo? Al salir el sol deberian ponerse en marcha hacia la capital y, una vez alli, gquién cogia a solas a Zenker y le obligaba por la fuerza a confesar donde estaba el escondite? Tenia que buscar un medio para salvar aquella barrera y aprovecharia las horas que quedaban de noche para encontrar la solucion. Fue un terrible martirio para él estrujar su pobre imaginacié6n en busca de una férmula viable. Hombre rudo y sin principios, sdlo era un toro ciego util para la accién violenta, pero no para el ingenio, que aparecia muy apagado en su cerebro. cConniclooolks C@©