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Pulp Fiction, 1940 · page 47 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 47: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 47: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

regres6 a la cabana, donde se preocup6 de confeccionarse un buen pote de café que le reanimase sacandole del cuerpo el miedo y el frio de la madrugada. Ya solo le cabia esperar el regreso de Head. Si éste volvia con gente y se podia intentar algo, se trasladaria a Salt Lake con despreocupacion, seguro de encontrar el oro y las alhajas cuando volviese en su busca. Por si acaso existia un peligro posterior, su siniestra mente ya barajaba proyectos criminales. Head podia resultar un vecino peligroso a la hora de desenterrar el botin, y si asi era, se desharia antes de él para no correr un albur innecesario. Fiel a su promesa, el mormon regreso al atardecer del segundo dia, acompanado de otros seis individuos de su misma inquietante catadura. Todos pertenecian a la secta de los «angeles del exterminio» y eran gente dura y decidida a todo. Head parecia preocupado a su regreso. Miraba a hurtadillas a Zenker como queriendo registrarle intimamente con la mirada y su afan era descubrir algtin bulto sospechoso sobre él, que le indicase que se habia arrepentido de su idea desenterrando el tesoro de nuevo. Pero al no descubrir nada sospechoso, se tranquiliz6. El botin continuaria donde habia sido enterrado y no tardando mucho, pasaria a su poder. Las noticias que habia podido recoger en el _ poblado, confirmaban las dadas por Zenker. Brigham se hallaba preso en el palacio del gobernador y se hablaba de su préximo proceso por un tribunal especial, pero también se susurraba que posiblemente, el proceso seria descartado y Brigham puesto en libertad, si de un modo tacito y fiel, tanto él como su secta, renunciaban al mormonismo y a sus repudiadas practicas matrimoniales. — Qué noticias trae usted de alli? —pregunt6 Zenker. El mormon le dio cuenta de lo averiguado y luego repuso: No sabemos si esos rumores pueden o no pueden ser verdad. Quiza se trate de un engano para que permanezcamos tranquilos mientras se prepara el proceso. —FEso creo yo —afirm6é Zenker, a quien no interesaba que sus posibles auxiliares confiasen en ver libre sin violencia alguna al jefe de su secta—. El gobierno siempre obra con enganos para mejor cConniclooolks C@©