Pulp Fiction, 1940 · page 34 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 34: what you’re looking at
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hubiese llegado su Richmond. Usted debe comprenderlo. —Pero yo no puedo permitirme esos lujos, ni tengo fuerzas para movilizar a diario, sobre todo ahora que estoy aqui confinado y que mis enemigos vigilan todo el territorio. Tenia que haber administrado dosificando la accién de los que me rodeaban; y ahora, ¢qué? —Déjeme seguir; yo le prometo que triunfaremos. Esa gente ha dado la cara, esta en el campamento. Yo espero poder seguir sus pasos y sorprenderles. No se crea tan fuerte solo, porque puede lamentar su vanidad. Me necesita y le necesito. —Bien; tengo que estudiarlo —dijo astutamente Brigham—: En este momento estoy bajo el peso de la preocupacion y del dolor. Las pérdidas humanas han sido grandes. —Es cierto, y soy el primero en lamentarlas, pero me propongo no descansar hasta acabar con esos reptiles. Al amanecer montaremos una guardia que vigile el candn. Si cometen la imprudencia de bajar solos a Salt Lake, le prometo que no llegaran a él. Brigham hizo un signo expresivo a los hombres que como estatuas custodiaban la entrada, y ordeno: —Fsta bien. Retiraos. Era la contrasena. Zenker no sospecho la celada y se dirigid hacia la salida. En aquel momento, diez lumbres como diez tigres rabiosos cayeron sobre él tratando de inmovilizarle, pero Zenker, dandose cuenta de la tragica trampa, se revolvid fieramente, entablando una lucha brutal con sus enemigos. Estos, como sacudidos por un terremoto, giraron de un lado a otro bajo las herctileas fuerzas de su enemigo, y por un momento parecia que iba a conseguir librarse de la terrible ola y poder echar mano al revolver que llevaba a la cintura. Brigham lo temié asi, porque de manera inconsciente busc6é un arma debajo de su asiento y la empuno con fiereza, temiendo ser la primera victima de sus iras. Pero no tuvo tiempo a usar el arma. Los mormones reaccionaron y, cayendo de nuevo sobre él, le aprisionaron tirandole a tierra, donde continuo la lucha hasta que pudo ser dominado. Con recias cuerdas le convirtieron en un fardo. El vencido blasfemaba y maldecia horriblemente y lanzaba amenazas terribles cConniclooolks C@©