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Pulp Fiction, 1940 · page 30 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 30: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 30: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

desde que Zenker llegara, y analizando profundamente cuanto el astuto ex secretario le contara de sus hazanas, termino por colegir que la intromisi6n de Texas y sus amigos obedecia, mas que a actuar contra el mormonismo, a luchar abiertamente con su particular enemigo, y cuando pudo medir por si propio el valor de aquellos terribles enemigos, se dijo prudentemente que la victima propiciatoria de aquella lucha iba a ser él, pues en cualquier caso de fracaso o pérdida, Zenker jugaba con peones ajenos y no propios. Esto le puso en guardia y decidi6 permanecer muy alerta para evitar que aquel tipo extrano y solapado acabase de hundirle en el descrédito y acaso en la prision. Habia aceptado su plan de asalto al campamento. Le hacia falta apropiarse de aquellas armas y aquellos canones, que podian servir para recuperar su hegemonia en el trono de Utah y, si la cosa salia bien, le agradeceria su intervenci6n, pero le invitaria a trasladar su campo de batalla personal a otro sitio, y si salia mal... Si alguna duda le cabia sobre lo perniciosos que iban a resultar para su causa los planes de Zenker, empez6 a tener pruebas cuando sus confidentes de la ciudad llegaron a su refugio a darle cuenta de los varios fracasos alli sufridos, entre ellos la muerte de su valioso auxiliar el herrero y de un punado de los «mejores mormones caidos, tanto en el ataque al almacén de Page, como en el asalto a la posada y, por ultimo, en la herreria. Cuando recibio estas noticias, ya nada podia hacer. Zenker tenia reunidos a sus hombres en los alrededores del campamento, y sdlo le cabia pedir a San Daniel, el patrén de la secta, que el ataque resultase victorioso y que no sufrieran un horrible descalabro, que podia ser la ruina total de sus proyectos. Todo el principio de la noche lo pasé Brigham tirandose de las patriarcales barbas con ademanes nerviosos. Ansiaba y temia recibir noticias del desarrollo del encuentro, y cada minuto que transcurria pasada la hora fijada para él, era un punal que se le clavaba en el pecho. Era muy avanzada la noche cuando empezo a tener noticias de lo sucedido en la hondonada del campamento, y los informes no pudieron ser mas aplanadores. Los primeros fugitivos que se presentaron en el refugio, destrozados por lo duro de la pelea, chorreando sangre, con las cConniclooolks C@©