Pulp Fiction, 1940 · page 20 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 20: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.
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muchas horas, muy preciosas para el prisionero. Aburrido de estar tumbado sobre la piedra fria y helada como un témpano, se incorpord, sin deshacerse de los revédlveres. La espera le habia abierto unas terribles ganas de fumar, y estaba conteniendo las tentaciones de encender su pipa para hacer menos desesperante y monotona la espera del nuevo dia. Muy intrigado se preguntaba dénde habrian tomado posiciones sus enemigos para sorprenderle. Era expuesto quedarse tan cerca del lugar de su derrota, pero, conociendo el candén, podian estar bien camuflados frente a él, entre los intersticios de las rocas, sin descubrirse a sus enemigos. Por fin, cuando ya sus activos nervios no podian soportar mas aquella situaci6n, indecisa y angustiosa, una débil claridad que vino de lo alto le anunci6 que pronto clarearia el dia, y, cuando asi fuese, tenia que tomar una determinacion, fuese la que fuese. Poco a poco, tanto él como su caballo fueron dibujandose de modo bastante preciso en el fondo de la grieta, y Nino, tenso, con la vista clavada en la entrada, esper6 durante unos momentos antes de decidirse. Seguia sin captar el mas leve ruido, cosa que le desesperaba, pues se hubiese sentido mas a gusto entre el estampido de las detonaciones y el griterio salvaje de sus enemigos, pero estos solapados debian esperar en la sombra su decisi6n para cazarle como a un conejo, y, ante esta idea, tomd una brusca decision. Saldria al exterior y ya verian quién era Nino Mendoza peleando. Pero apenas habia iniciado un paso para salir, algo que cay6, de lo alto de las rocas trazando una ligera sombra como el leve vuelo de un pajaro, le avis6 de que un peligro oculto se cernia sobre él, e intent6 levantar el armado brazo, pero ya no tuvo tiempo. Un lazo habilmente manejado desde el borde de la roca le habia aprisionado por la cintura, atenazandole los brazos al cuerpo, y cuando quiso tensionar sus musculos para aflojar la angustiosa presi6n, manos rudas tiraron del lazo con violencia, haciéndole perder el equilibrio, y cay6 a tierra, debatiéndose como un elefante en una trampa, sin conseguir librarse de aquellas brutales ligaduras. Desde arriba, varias manos se habian aferrado con desesperaci6n al tirante cuero, neutralizando sus esfuerzos, y aunque procuraba arrastrarse hacia fuera para hacer saltar de sus posiciones a sus cConniclooolks C@©