Pulp Fiction, 1940 · page 90 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 90: what you’re looking at
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poner sobre aviso a la guarnicién. Lo que menos sospecharan sera que se prepara ese golpe tan audaz sobre ellos y, si les cogen de sorpresa, la catastrofe va a ser grande. —Nada podemos aventurar hasta que lleguemos al Canén del Eco. Tenemos que correr ese albur. Continuaron galopando, hasta que, no mucho después, tras volver a ascender una pendiente muy pronunciada, alcanzaron la cima de la Big. Estaban a quince millas del punto de partida y ahora debian bajar para enfrentarse con el recto paso del Canon del Eco. El dia empezaba a clarear y Texas, estimando que era peligroso proseguir la jornada en pleno dia, decidié buscar entre las grietas de los farallones algun lugar donde guarecerse. Se evitarian ser descubiertos y, al tiempo, vigilarian el camino dejando que pasasen por delante los rezagados, que debian sumarse a la horda atacante. Tras mucho rebuscar, encontraron una estrecha fisura que cortaba la roca y, aunque con trabajo, consiguieron internar por ella los caballos. La fisura formaba un arco violento hacia la izquierda y una vez a su amparo era dificil descubrirlos, a no ser que se registrase intencionadamente aquel lugar. Satisfechos del escondrijo, se dispusieron a tomar alguna vianda para matar el tiempo, y mientras las preparaban, Texas trep6 expuestamente por las aristas de la pena, hasta conseguir ganar una altura desde la que, a través de algunos picos salientes, distinguié cOmodamente un trozo del camino. Satisfecho de aquel observatorio, se acomod6 en él, y tomando las viandas que le arroj6 Nino a lo alto para que no tuviera que descender, esper6 con el rifle y el revélver a la mano, a que fuesen desfilando los mormones que atin debian llegar rezagados. ele ele ) Ya rAN rAN AY Entretanto, en la cueva que servia de refugio a Young Brigham se celebraba una curiosa y no muy pacifica entrevista entre el Patriarca de los mormones y su flamante general en jefe. Zenker, despidiendo lumbre por los ojos, grunia: — Qué diablos quiere usted conseguir con hombres que sdlo sirven para atacar un rancho abandonado y asesinar a cuatro monigotes indefensos? Me habia asegurado usted que poseia (a cConniclooolks C@©