Pulp Fiction, 1940 · page 83 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 83: what you’re looking at
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ha hecho correr mas que si me persiguiese un sheriff con cien gatos rabiosos dentro de la barriga, y me lo voy a cobrar, jmaldito sea tu podrido corazén! Te voy a romper los huesos uno a uno a bocados, creo yo, y me voy a hacer una tortilla de frijoles con ellos que me va a saber a rayos del demonio mezclados con azufre, pero me los comeré aunque reviente 0 asi... Maldiciéndole sanudamente, lo llevaba levantado en el vacio, mientras el barbudo se agitaba en el aire como un tigre cogido por los rinones por la alargada trompa de un elefante, y asi llegé6 con él hasta frente a la estaci6n. — Qué diablos te sucede, Nino? —pregunt6 Texas—. Pero ¢es que ya no sirves para correr detras de una hormiga?... Creo que tendré que jubilarte por torpe. — A mi? ;Maldita sea Jalisco! jSi es que el miedo le ha puesto alas a este sapo en los pies! No he visto un coyote que galopase mas aprisa. —Bueno, Nino, que estamos perdiendo mucho tiempo. —jOh, si, pero es que me gustaria sacarle los entresijos y freirlos antes para darselos a comer! Déjame que cuando menos le pueda ahorcar con sus propias tripas. —jAdelante, Nino, nos vamos! El mejicano, rabioso por no tener tiempo de atormentar un poco a su victima, que se retorcia en el aire como un sarmiento al fuego, lo lanz6 al vacio, le esperé a la caida con los brazos extendidos y lo tomo por el cuello y las piernas. Hizo una brutal flexién y le dobl6é en dos con un siniestro crujido de huesos que arranco un alarido inhumano a su victima. Luego, de un impulso formidable, lo arrojé en el espacio, formando una parabola, para después hundirse en el vacio de la impresionante sima. Todos habian asistido a la terrible escena con los nervios en tensién. Hasta el propio Texas, acostumbrado a los barbaros excesos de Nino cuando le dejaba obrar sin freno alguno, se habia impresionado un poco, pero no le remordia la conciencia por lo sucedido. Aquel ser repugnante habia asesinado cobardemente a un infeliz guarda estaci6n, y Dios sabria los crimenes que tendria sobre su conciencia. Reaccionando, grit6: —jA caballo! Tenemos que alcanzar la diligencia antes de que cConniclooolks C@©