Pulp Fiction, 1940 · page 45 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 45: what you’re looking at
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—Puede que no le agrade mucho esta mercancia al dueno de los envases —rezongd—; pero jmaldita sea Jalisco!, me apuesto el bigote a que en su vida ha recibido otra como ésa. Y rio como un chiquillo por la hazana. Texas se hallaba dispuesto a abandonar el almacén, pero leyendo en los ojos del anciano la angustia que le producia saberse solo durante la noche, dijo: —Creo que debemos quedamos aqui, por si acaso. —jOh, no, no es preciso! —se apresur6é a decir Page—. Si acaso, hasta que regrese mi hijo del palacio del gobernador. El puede hacer que monten una vigilancia en la plaza, y entonces quedaré garantizado. Poco después llegaba el hijo de Page, un moceton alto y fuerte, de ademanes enérgicos, el cual, al enterarse de lo sucedido, se sintié rabioso, y prometia tomar cumplida venganza de aquellos sucios asesinos que no sabian dar la cara para atacar. Se ausent6 para dar cuenta del suceso y recabar un par de policias de los varios que el gobernador tenia dispuestos para casos de sorpresa, y cuando el edificio qued6 bajo custodia, Texas se despidi6 de ellos. —Que tenga usted buena suerte —dijo Page—. Y si en algo puedo servirle, cuénteme como un amigo. —Gracias. De momento, nada puede hacer. Sdlo les ruego que guarden el incégnito sobre mi visita. Me interesa moverme lo mas holgadamente posible hasta que ellos, por sus propios medios, puedan descubrirme. De no ser asi, mi misi6n se veria ain mas entorpecida. Abandonaron la plaza, dirigiéndose a su posada. La noche habia resultado mas movida que habian sospechado, y aunque en realidad el ataque no iba con ellos, éste les dio la tonica de los obstaculos que iban a encontrar para llevar adelante su misi6n, y, aunque creian que por aquella noche habian terminado, pronto se iban a convencer de que estaban empezando a maniobrar. cConniclooolks C@©