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Pulp Fiction, 1940 · page 41 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 41: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 41: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

fachadas para no ser descubierto por los asaltantes hasta el momento preciso. El que habia ascendido sobre los hombros de sus companeros se hallaba colgado de la jamba, pugnando por elevarse a pulso para ganar el interior, cuando algo parecido a un vendaval sacudio igual que a espigas al resto de los asaltantes, que salieron despedidos a varios metros de distancia, rodando por tierra en medio de dolorosos aullidos de rabia y sorpresa. Nino habia saltado como un plantigrado, y de dos vigorosos puntapiés habia enviado a larga distancia al grupo. Este, al disolverse, abandoné a su compafnero, quien qued6 con las manos afianzadas a la ventana y los pies colgando en el vacio. Nino, rabioso, le aferré por ambas piernas, tirando hacia abajo de un modo brutal. El intruso sintid como si le arrancasen los brazos de las axilas y solt6se emitiendo un terrible rugido de angustia, pero al soltarse, por la fuerza del estir6n, descendié de cabeza como un meteoro y estrell6 el craneo contra el piso, donde qued6 aplastado como una rana. Todo sucedid tan rapido, que cuando los sorprendidos salteadores pudieron incorporarse, doloridos y magullados, y darse cuenta de donde habia procedido la brutal agresion, ya su companero aparecia destrozado en tierra y Nino dispuesto a recibir la reaccion del grupo. Aullando de furor se incorporaron como les fue posible, y al descubrir a Nino y no viendo mas enemigos cerca, creyeron que podrian deshacerse de él rapidamente, vengando el terrible ataque, y como fieras se lanzaron sobre él esgrimiendo en la mano afilados y terribles cuchillos. Nino, al observar el brillo de las terribles armas, intent6 sacar el revolver de la funda, en el momento en que dos de sus enemigos se abalanzaban sobre él fieramente, tratando de ensartarle. El mejicano, sin tiempo a tomar el revélver tuvo un gesto instintivo y volvi6 a levantar su terrible pie, aplicandoselo en el est6mago al mas proximo, quien retrocedi6d brutalmente, chocando con su companero y clavandose en la espalda el arma de aquél. Nino, a su vez, salt6 y aplicé un terrible punetazo en el rostro al que habia herido mortalmente y de modo involuntario a su companero de pelea, y asi que le vio caer de espaldas abatido por el cConniclooolks C@©