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Pulp Fiction, 1940 · page 100 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 100: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 100: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El vigilante, herido de muerte, sdlo consigui6 emitir un sordo grunido que Texas acabé de ahogar aferrandole por el cuello y apretando. Luego, cuando le supo bien muerto, exclam6 frenético: —jPronto, Born, arrastre a este sapo a un lugar oculto y tome su puesto como si fuese él! | Tengo que hacer algo! — El qué? —No lo sé, pero si esos soldados se alejan, la partida esta perdida. Tengo que detenerlos, sea como sea. —No tiene usted caballo y, aunque lo tuviera, le descubririan en el acto galopando detras de ellos. —Bueno, quite esta carrona, no venga alguien... Déjeme pensar. El rumor de cascos se iba aproximando. Los caballos, debido a la hosca pendiente, avanzaban a un trote pesado para ganar el declive, y a la mortecina luz del atardecer, Texas les vio por fin aparecer ante sus ojos, agrupados caprichosamente sin orden alguno de formaciOn. La estrechez de la senda y su configuraci6én, no permitian esa rigidez militar tan de desfile patridtico y cada uno caminaba cémo podia. Una idea absurda, peligrosa, desesperada, pero la Unica que podia poner en practica, cruz6 por el cerebro de Texas. Dej6 que desfilasen los primeros jinetes, y cuando observe que la fila se aclaraba y quedaban pocos por cruzar por debajo del borde del talud, se puso en pie, midio el salto, eligié el ultimo jinete de la fila y se arroj6 al vacio, cayendo sobre la grupa del caballo. El salto, habilmente medido, le dej6 a horcajadas sobre el poderoso flanco del caballo, y antes de que el jinete tuviese tiempo a darse cuenta de lo que pasaba y pudiese gritar o revolverse, Texas le aferr6 por el cuello para que no gritase y pegado a su cuerpo, murmur6 a su oido: —jSilencio!... jSigue, por lo que mas quieras, 0 pondras en peligro la vida de tus companeros! Tengo que hablar con tu jefe o caeréis en una emboscada horrible. El jinete, hombre duro, acostumbrado a muchos avatares en la vida, debi6 comprender que aquel acto desesperado del intruso debia obedecer realmente a algo grave y, sin hacer gesto alguno, siguid espoleando su caballo para no distanciarse del grupo. cConniclooolks C@©