Pulp Fiction, 1940 · page 88 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 88: what you’re looking at
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tiro. Pasado manana se celebrara la sesiédn, y el Gobierno se apuntara el triunfo mas grande de su carrera politica... jQué de trabajo nos espera en pocas horas! —Bien; pero ;y yo? Cuando ese hombre tenga la documentaci6n en su poder, descubrira que yo no pertenezco a la organizaciOn, jy... —No se preocupe, Belle. Cuando lo descubra... ya nada tendra que hacer. Esto no puede suceder hasta manana por la tarde, y manana por la tarde estara usted camino de Florida con un precioso cheque en el bolsillo por valor de medio millon de dolares. —Me lo garantiza usted? —Texas no engana jamas a nadie. Ahora, no se preocupe. Siga en su casa por si acaso, y yo haré que todo se lo tengan arreglado para el momento justo. No conviene que desaparezca usted antes de tiempo, por si surge algo. —jTengo mucho miedo! —Deséchelo. Desde este momento, ese sapo de las barbas postizas tendra una escolta a su lado que no le dejara moverse mas que para lo que nos convenga. Necesito que se apodere del baston, para arrebatarselo inmediatamente. Después, la cuerda que se esta tejiendo para el cuello de Harnold, sera la misma que se teja para el suyo. Hemos jugado la partida mas grande de toda mi vida. Hasta ahora, he resuelto muchos asuntos con las armas en la mano, pero éste demuestra que no siempre las armas triunfan, pues algunas veces el ingenio es mas poderoso y de mas peligro que el contenido de un «Colt». Ch | oe A Al siguiente dia, como Harnold tenia proyectado, se jugo la partida de golf en la finca de Field, y Zenker actu6d con Harnold, demostrando ser un excelente jugador. Durante la partida Harnold dej6 en tierra su bast6n para examinar los hoyos y estudiar una jugada dificil. Zenker levanto el palo y lo retuvo, pero cuando se lo entregéd le habia dado el cambiazo con tanto disimulo, que nadie se dio cuenta de ello. Terminada la partida, Harnold se qued6 atin un rato en compania de su amigo, mientras Zenker desaparecia de alli para no llamar la atenci6n, y cuando el diputado sali6, ya Zenker se hallaba cConniclooolks C@©