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Pulp Fiction, 1940 · page 86 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 86: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 86: Pulp Fiction, 1940

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embadurnada de cremas y polvos que le daban el aspecto de una mascara, pero aquello era estudiado para ocultar su palidez y nerviosismo. Habia escuchado toda la conversaci6n, sabia ahora dénde estaban los codiciados documentos, pero adivinaba que un peligro de muerte se cernia sobre ella. Zenker habia lanzado la insinuacion de mirar su filiacién a la secta, y en cuanto lo hiciera se descubriria el subterfugio, poniéndola en un grave peligro. Para ocultar su angustia habia apelado al tocador, y ardia en deseos de que ambos abandonasen la casa, para ponerse al habla con Texas y solicitar su poderosa proteccion. — Qué haces, Belle? —pregunt6é6 Harnold desde la puerta. —jOh, querido! Me estoy arreglando para ir a ver a mi amiga y entregarle el regalo. Crei que te entretendrias mas... gNo te quedas? —Hoy no puedo, Belle. Tengo mucho que hacer; manana quiza tampoco pueda venir, pues me he comprometido a jugar una partida de golf con un companero de escano; pero pasado manana, antes de ir al Parlamento, vendré a comer. —jAh!... Creo que debes ir seleccionando tu equipaje. Tengo decidido ir a pasar un par de meses a mis posesiones de Virginia, y quiza te encante acompanarme. —jPues claro! Eso seria ideal, Gregory. jSeria... una nueva luna de miel! —Pues no olvides hacerlo. Adids, querida. —Perdona que no te dé un beso de alegria, pero estoy hecha una facha. Te lo debo con réditos. Harnold abandono la casa, y diez minutos después Zenker hacia lo propio. Estaba muy contento con la decisién adoptada por el jefe. Si a éste le sucedia algo, nadie se encontraria en condiciones de asumir la jefatura de la secta como él. Aquella_ preciosa documentacion seria un talisman, y, convertido en jefe, jseria el dueno del mundo! Cuando Belle se consider6 libre del peligro de la presencia de Harnold y su terrible auxiliar, se agarr6 febril al teléfono y llam6 al domicilio de Texas. Este no se encontraba alli, pero si Born. — Qué sucede, Belle? —pregunt6 el agente—. Parece usted muy nerviosa. —Y lo estoy, Born. La cosa no es para menos. Tengo noticias cConniclooolks C@©