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Pulp Fiction, 1940 · page 7 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 7: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 7: Pulp Fiction, 1940

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de aligerar mi vida y te resignes a seguir aguantandome, ya que tu te obstinaste en unirme al carro de tu frivola existencia. Eres un ruin y un miserable. Explotas sin compasion a los infelices negros de Virginia, robas a mansalva al Estado con tus suministros de algod6n y con el tabaco que tus esclavos recogen; posees negocios bastante sucios, aunque te escondes, para explotarlos, detras de unos miserables testaferros; y, a pesar de todo eso, lloras como un chiquillo cuando tienes que soltar un solo dolar. Si crees que las mujeres van a quererte por tu figura de oso y tus afeites, te equivocas. Yo te conozco a fondo y sé del pie que cojeas. Por lo tanto, resignate, aumenta mi subvencién en mil ddlares todos los meses, y si te fastidia mi presencia, no vengas a verme mas que de vez en vez, pero mandame el dinero con puntualidad y cuida de mi preciosa salud, que te conviene. Fué inutil que él, dominando su sanguineo temperamento, tratase de convencer a Belle de que todo eran suspicacias suyas. La joven no se dio por convencida, y Harnold tuvo que retirarse a su domicilio mascullando maldiciones y ponderando su impotencia. Este era uno de los motivos de su malhumor; sobre él, habia unas noticias confidenciales recibidas de Virginia que amenazaban tormenta en el horizonte de sus negocios privados, y, por ultimo, se sabia victima de una cruzada en el Parlamento, pues varias campanas politicas que se habia visto obligado a emprender en defensa de determinados electores de su representaci6n le estaban senalando como protector de los esclavistas encubiertos, cosa que le enfurecia, pero que no habia podido evitar. Para vengarse, estaba preparando un discurso terrible contra el Gobierno a propodsito de la retirada de fondos del Banco de Filadelfia. Acababa de darse los ultimos toques a su fino bigote, cuando un ceremonioso criado se present6 portando una bandeja de plata, en la que se destacaba la albura de una cartulina. Harnold frunci6 el entrecejo al observar la tarjeta y la tom6 con desgana. En la blanca cartulina se destacaba un nombre y una profesion: (JAMES “PEACK Catedsdtico de ‘Filosofia cConniclooolks C@©