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Pulp Fiction, 1940 · page 6 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 6: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 6: Pulp Fiction, 1940

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frente a la biselada luna del espejo, rasurandose su rojiza piel, suavizandola con cremas especiales, revisando cuidadosamente las hebras de su mostacho y las finas patillas que casi le llegaban al l6bulo de la oreja, y solamente cuando habia cumplido este rito, luchando contra reloj con el tiempo, se consideraba tranquilo y en condiciones de preocuparse de otros menesteres menos importantes para su vida. Aquel dia no parecia muy satisfecho de la existencia. Habia dormido poco y mal, a causa de algunos graves problemas que pretendian complicar su feliz existencia, siendo uno de ellos la irritabilidad de cierta dama llamada Belle, mujer que hacia honor a su nombre por lo atractiva, pero que poseia ciertas exigencias que a Harnold parecian enfurecerle. El flamante diputado por Virginia se hubiese deshecho a gusto de ella, como se habia deshecho de otras tan atractivas o mas que Belle, si ésta, de un temple demasiado belicoso, no le hubiese cantado ciertas amenazas de publicidad y escandalo a las que Harnold tenia miedo, a causa del bochinche que hubiesen provocado. Un hombre de su condicién social no podia servir de cebo a los periodistas de libelos, ansiosos de cazar noticias de escandalo para sus periddicos. No le convenia por su cargo y por algunas otras razones secretas que se habia guardado muy bien de exteriorizar. Pero Belle era una sanguijuela pegada a su piel y a su bolsillo, que no habia medio de desprender. En cierta ocasién, la belicosa joven sufrid, al parecer, un accidente fortuito que estuvo a punto de costarle la vida, y en su suspicacia acusé6 a Harnold de haber pretendido eliminarla. El negd, pero ella, demasiado avispada, le hizo una advertencia que no era para olvidar. —Escucha, Gregory —le dijo—. Yo sé que estas deseando deshacerte de mi por todos los medios, y me parece que va a resultarte muy dificil. Esto del otro dia no ha sido un accidente, sino un intento de asesinato, muy bien preparado, y no se repetira mas que por tu propia conveniencia. En mi caja fuerte del banco y en poder de mi notario, mas en otro lugar que no tengo por qué descubrirte, hay en cada uno una copia de un documento que, si yo muero de muerte que pueda ser sospechosa, sera entregado a la policia para que lo estudie. Espero que este aviso te corte los deseos cConniclooolks C@©