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Pulp Fiction, 1940 · page 67 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 67: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 67: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Subitamente, la puerta se abri6 en silencio y Belle apareci6 con la cafetera humeante en la mano. Al dirigir la vista hacia Harnold y descubrirle junto al bolso con el dije en la mano y éste abierto, medio arroj6 sobre la mesa el adminiculo y, abalanzandose igual, que un gato montés sobre Harnold, traté de arrebatarle el dije. El diputado, mas que oirla, la presinti6, asi como el ataque, y con un rapido movimiento de manos escamoteé el dije de la zarpa de Belle, quien, al fracasar en el intento de hacerse con la joya, se sinti6 mas irritada y forcejeé con él para rescatarla. Palida y furiosa, rugid: —jCanalla!... jCobarde!... jEso mo es de hombres! jMis intimidades me pertenecen a mi sola! El, al observar la fiereza de la joven, y temiendo que le clavase las unas acosada por la furia, trat6 de poner entre ambos la mesa, diciendo: —No seas estupida, Belle; fue una curiosidad que no encerraba malicia alguna... Quieres decirme qué significa esto? Ella, medrosa, grit6; —jNol!... — Quieres que te lo diga yo? —jNol!... —Y, sin embargo, es necesario que hablemos de esto... por tu propio bien. Ella, desesperando poder rescatar el dije y su contenido, se dejé caer sobre una silla y, tapandose el rostro con las manos, gimi6: —jYa me es igual! Puedes hacer lo que te dé la gana... Yo sé que no respetaras ni el que te haya querido sin importarme quién eras ni como pensabas... e incluso si no pensabas como yo... El, al verla vencida y humillada, se acerc6 carinosamente y, pasando su ruda mano por la rizada cabellera de la ex artista, exclamo: —Vamos, Belle, no me juzgues tan mal. Ti sabes que te he querido como mujer, y nada me ha importado pensar en tus sentimientos politicos. Ella se justific6 entre suspiros: —No son politicos, Gregory; ti no lo comprenderias; son de indole mas delicada. Ese retrato que ves ahi es el de mi padre; fue oficial del ejército de Lee. Le fusilaron los del Norte, embargaron cConniclooolks C@©