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Pulp Fiction, 1940 · page 42 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 42: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 42: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jOh, senor Way, es usted terrible!! Eso que ha hecho usted es excesivo. Mi modesto ment no vale tanto. —Sefnora, no sé lo que valdra su ment, pero si sé apreciar el valor de nuestro anfitrion. —Galantisimo, Way. Es usted un hombre de lo mas encantador que he tratado en la vida. —Es a la mas encantadora de las mujeres a quien yo he tratado, Belle. Ella sonri6 complacida, y les hizo pasar al comedor. Un comedor moderno y elegante, adornado con gusto, pero de un modo chillén y cargadisimo. Belle, luciendo el obsequio de Texas, parecia la mas feliz de las mujeres, y dio orden de servir el almuerzo, que fue opiparo y bien elegido. Se encontraban casi finalizando el almuerzo, cuando la doncella se present6 portando en una bandeja de plata una carta bastante abultada. —Senora —dijo—, perdone, pero ahi fuera esta ese caballero de la barba que le adverti que ha venido varias veces ayer y hoy. Dice que es urgente. Ella, con un gesto de contrariedad, tomo el sobre, reconociendo al punto la letra grande y enérgica de Harnold. Extranada del peso, suplicé: —Me permiten ustedes? —Con mil amores, senora... Belle rasg6 el sobre, y, al abrirlo, descubri6 los billetes en el interior, pero, dejandoles de un modo discreto, sac6 la misiva, que ley6 atentamente. Luego, tomando una resolucion, dijo: —Digale a ese caballero que en este momento tengo una visita que no puedo desatender, pero que venga a las ocho y le recibiré. Los agudos ojos de Texas habian seguido de soslayo todos los movimientos de Belle, y al observar que solamente extraia del sobre la carta, dejando el resto del contenido, adiviné que se trataba de dinero, y, si era dinero, seguramente procederia de Harnold. Discretamente, apunto: —Senora, por nosotros no deje de recibir a... —No se molesten. Es algo sin interés para mi. Se trata de un cConniclooolks C@©