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Pulp Fiction, 1940 · page 41 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 41: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 41: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Estoy verdaderamente aburrido en esta ciudad burocratica, donde la gente sdlo tiene tiempo para trabajar y muy poco para divertirse. Belle acept6. La perspectiva resultaba encantadora para ella, y se prometia un dia divertido con aquel provinciano jovial y rumboso, que podia ser un buen elemento para sus distracciones. Después de consumir unas botellas de champan, se dirigieron a un gran restaurante, donde el almuerzo fue apotedsico. Born y Clark, discretamente, se engolfaron en una discusién de Bolsa y valores, mientras Texas, con su dominio del mundo, mantuvo una conversacion frivola e ingeniosa con la ex artista, cautivandola con su charla, en la que no olvidé aludir a sus grandes bosques, sus cientos de obreros, su rancho y sus miles de délares inmovilizados en el banco estupidamente. A las seis, cuando se disponian a despedirse, Belle dijo: —Senores, he pasado una velada agradabilisima, y me creo obligada a corresponder. Yo doy fiestas en mi casa casi todas las semanas, y me gustaria verles por alli; pero como ustedes son huéspedes excepcionales, les propongo que me honren manana comiendo en mi mesa. Clark, que ya habia cumplido su misién, se excuséd alegando unas visitas importantes que no podia desdenar; pero Texas y Born aceptaron encantados. La acompanaron en un coche hasta su domicilio, donde se despidieron cordialmente hasta el siguiente dia. Cuando se retiraban, Born pregunt6 a Texas: —Cual es su impresion, capitan? —jLa mia? Que me perdone Stella, pero no creo que me costaria mucho trabajo desbancar a Harnold a costa de un pellizco a mi bolsillo. Me lo gastaré, pero para algo mas practico. Bien dijo usted que Dalila sigue imperando en el mundo. Espero que ésta sea la que le corte al rape las melenas a Harnold. Al siguiente dia, precedi6 a su visita una magnifica canastilla de flores, acompanada de un precioso estuche en el que se encerraba un magnifico broche destinado a la blanca garganta de Belle. La tarjeta de Way senalaba al autor de tan espléndido presente. Belle, gozosa, ataviada con un precioso vestido de raso azul, les recibid con la mas exquisita de las sonrisas, y, amenazando con el dedo a Texas, dijo: cConniclooolks C@©