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Pulp Fiction, 1940 · page 25 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 25: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 25: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Minutos mas tarde, Zenker, que era el misterioso espectador del drama, se reunia en el domicilio de Harnold con éste. —jBravo! —exclamé—. Ha estado usted magnifico con su discurso. Fué un palo que el Gobierno no esperaba. —(Ha estado usted en el Parlamento? —Si. Sali un cuarto de hora antes que usted. —Entonces... no habra presenciado el epilogo. He estado a punto de morir a manos de nuestros enemigos. Me tienen miedo y solo han sabido... —No han sabido hacer nada, senor Harnold. El atentado ha sido preparado por mi. El diputado, asombrado, se echo hacia atras, mirandole con miedo, pero Zenker, riendo, aclar6. —No se asuste. Comisioné a un fanatico de nuestra secta para que intentase matarle, pero yo le di el revdélver cargado con pdélvora. Tenia a su lado quienes debian deshacerse de él inmediatamente. —Y para qué esa comedia, senor Lane? —Para que cuando registren su cadaver le encuentren pruebas suficientes de que pertenece a «Los Hijos del Diablo». Manana la prensa publicara su discurso, elogiara su patriotismo y acusara a nuestra secta de haber pretendido deshacerse de usted por su valor al acusar... Después..., veremos si el Gobierno tiene agallas para acusarle de ser su jefe supremo. Harnold, admirado de la sagacidad de Zenker, estrech6 su mano agradecido, afirmando: —Fs usted el diablo, senor Lane. Con hombres asi soy capaz de luchar contra el mundo entero. Tiene usted raz6n; que me acusen, a ver quién los cree sinceros. cConniclooolks C@©