Pulp Fiction, 1940 · page 23 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 23: what you’re looking at
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Harnold, cogido de sorpresa por la audacia de su terrible enemigo, abrid la boca cémicamente y le miréd de un modo extraviado, como si temiese verse atacado por el terrible revélver de su enemigo, pero al darse cuenta de que le miraban sus companeros, realiz6 un supremo esfuerzo para serenarse y replicé con voz segura: —Gracias. Su opinion es para mi de un valor extraordinario. —Es justicia. Soy un hombre tan sincero, que hasta a mis terribles enemigos les he dado el valor que poseyeron. Espero que esto tenga una segunda parte muy sensacional y le prometo asistir a presenciarla. —Me alegrara mucho, capitan. Soy hombre luchador y no me asustan los latiguillos del Gobierno. Dudo mucho que pueda cumplir su ofrecimiento de hace media hora. —Yo no —repuso Texas—. Todos son hombres tan serios, que cuando lo han prometido lo cumpliran. Sera un beneficio para la humanidad y un alivio para nuestra Patria, manchada por la baba de esos sapos venenosos. Adiés, senor Harnold, y que siga usted tan habil como hasta ahora. Y dejandole con la palabra en la boca, desapareci6 entre los grupos, dejando en el alma del diputado un sedimento de angustia dificil de dominar. Por fin, se decidi6 a salir. Era una cosa que no podia evitar y cuanto antes saliese de dudas, antes se borraria de su pecho la angustia de aquella incégnita por resolver. Rodeado de algunos diputados, se qued6 parado en la puerta, mirando inquisitorialmente a todos lados en espera de ver acercarse a la pareja policiaca que debia detenerle. Pero aunque espero con los nervios en tensién, nadie se acercé a él solicitando que le acompanase, y sonriendo triunfalmente, se adelant6 al centro de la calzada para buscar un coche que le condujese a su domicilio. En aquel momento, de entre un grupo de curiosos agolpado frente al Parlamento, surgi6 un individuo de aspecto insignificante, quien, armado de un revolver, pretendi6o disparar sobre Harnold. El canon del revdlver le tuvo por un momento bajo su siniestro agujero, pero varios brazos se agitaron desviando el arma y el disparo sali6 alto. cConniclooolks C@©