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Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 74: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 74: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—,Usted también? —Pues claro, ¢cOmo no? Yo también... j;Menuda fiesta se prepara para que yo me la pierda! —Pues deme un whisky. Esperaré. Nino se apresur6 a abrir la botella y sirviéd lo pedido. El forajido se senté6 y Jim se colocé de manera que no le perdiese de vista. Nino aproveché la oportunidad para intentar beberse el contenido de la botella, pero Jim grité: —jOiga, mejicano del diablo, sirvame otro vaso de ese veneno! Nino torci6 el bigote y llenéd un vaso, pero antes de servirlo, apuro el resto de la botella. —jNo tan veneno, manito, a mi me parese gloria! Con pequenos intervalos, fueron apareciendo los restantes miembros de la cuadrilla de Lanley. Nino les sirvid un buen vaso y les ordeno sentarse en lugar estratégico para tener a todos reunidos con ventaja. Cuando el ultimo se hubo sentado y entre los seis empezaron a hablar en voz baja, Jim se levanté haciendo una sena a Nino y éste, abandonando el mostrador, se situ6 a un lado de la mesa en tanto que Texas lo hacia en el otro. Y de stibito, la voz metalica de Jim ordené: —jArriba las manos, pronto! Hubo un intento de rebeldia, pero cuatro mortiferos "Colts" les amenazaban ffieramente y los seis levantaron las manos sorprendidos y furiosos. Texas se coloco frente a ellos, ordenando: —jAligérales de peso! —jOh, si, pobresitos! —exclam6 compungido el mejicano—. Deben sufrir horriblemente, creo yo, con tanto hierro a la cintura... jAju!... Lo menos un quintal de ferreteria. — Hay cuerda a mano? —jAju! Para atar un rebano. La he visto ahi dentro. —Pues vete llevando uno a uno y amarralos como tt sabes. —Bien, maniato, verdas que lindos fardos sé hacer. Uno a uno los tomé del pelo arrastrandoles tras él y los metié en la trastienda. Diez minutos después, los seis parecian seis talegos alineados en el suelo. —Y ahora qué, manito? —Busca a ver dénde esta la llave del establecimiento. Nino rebusc6é hasta descubrirla en el bolsillo de la chaqueta del dueno del local. —Perfectamente —continu6d Texas— coloca este papel en el mostrador. En caso de que sean descubiertos antes de nuestra vuelta, es un aviso para que se los entreguen al sheriff, No podemos C@©