Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 69: what you’re looking at
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tugurio donde se retine lo peor del contorno —Bien, creo que la visitaré. Tengo cosas importantes que hacer sobre este tema. Después de cenar, requisaron sus armas y se dirigieron a "La mina de plata" un garito de los arrabales del poblado, cuya presencia predisponia por si sola contra cualquier visita. Nino, adelantandose, empuj6 suavemente la puerta y se qued6 un momento contemplando el interior, sucio, l6brego y maloliente. Los clientes eran muy escasos, pero frente al mostrador, de espaldas a la puerta, se destacaba un individuo duro, grande, de anchisimos hombros, luciendo a la cintura un impresionante "Colt". El individuo, con un tono de voz que obligé a Nino a arquear los ojos, decia al tabernero: —FEscucha, Peter. Luego vendran por aqui mis amigos. Les dices que a las doce estén preparados y me esperen en "La canada de los grajos". He recibido 6rdenes del jefe y los necesito. —Fsta bien, Lanley —dijo el tabernero—; les daré tu aviso. Nino, sonriendo, se acerco al individuo y poniéndole su férrea mano sobre el hombro hasta obligarle a inclinarse de lado, exclamé OZOSO: —jRepinto!... jEl amigo Lanley por aqui!... ;}Qué grato encuentro creo yo! jCon las ganas que tenia de que acabasemos aquella amigable charla que empezamos en el Este! El bandido a quien Nino tratara tan cruelmente en el tren cuando salian de Washington, se revolvié furioso y al reconocer a su duro enemigo, trat6 de requerir el revélver, pero ya Nino habia tirado de él y a pesar de estar bien adherido al cinto, se lo habia arrancado como una pluma. —jNo se me violente, amigo, que tiempo habra para todo, me parece a mi!... gCOmo le ha ido de aquel viajecito por el aire en la estaciOn de alla? Supongo que tendra todos sus huesos en orden o asi, no? El tabernero adivind que aquel mejicano gigante no abrigaba muy buenos propositos con el bandido, e inclinandose, introdujo la mano debajo del mostrador para sacar el revolver que siempre tenia alli escondido, pero fue demasiado lento en la maniobra. Nino, con una rapidez increible, atenaz6 un vaso con la mano terriblemente gruesa y lo arroj6é sobre la cabeza del tabernero, quien lanzando un aullido cay6 por detras del mostrador como si hubiesen tirado de él manos invisibles. Lanley, furioso al verse desarmado, trat6 de encajar su puno sobre el rostro de Nino, quien rehuy6 el golpe y el bandido, furioso, rugio: —jTe desharé como a una tortuga, maldito sano. lejicano! C@©