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Pulp Fiction, 1940 · page 56 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 56: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 56: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

tren detras de nosotros. Ya veo que ha sido inutil el sacrificio del tren, pero no todo lo que se imagina. En Greenville tendremos que detenernos todos y alli... poco he de valer y de poder si salen vivos de alli. —Ya lo veremos, Zenker. Me temo que por una vez le haya salido al paso quien vale cien veces mas que usted. —EF] tiempo lo dira, Vera. Dominados por un terrible nerviosismo y sumidos en el mas hosco silencio, continud el viaje. Las horas se les _ hacian interminables y en todas las estaciones del transito vigilaban celosamente ante el temor de que se apeasen en alguna, burlando sus nuevos planes. Pero los dos aventureros y la muchacha no dieron senales de intentar abandonar el convoy, y asi, en medio de la mayor zozobra, llegaron al siguiente dia a Greenville. Cuando el empleado les anuncié que no podian continuar el viaje hasta la manana siguiente que cruzaran el rio, se sintieron aplanados por la terrible responsabilidad que habian adquirido con el siniestro. Si Jim habia adivinado sus proyectos y les denunciaba, se iban a ver expuestos a un gravisimo riesgo y urgia deshacerse de tan peligrosos enemigos de una forma rapida y segura. Anhelantes, esperaron a descender. No querian correr el albur de enfrentarse con Jim y el terrible mejicano y ademas no les convenia que sospechasen que viajaban en el mismo tren. Vera, llena de ansiedad, parecia querer quebrar el cristal con su rostro, de tanto como lo aplastaba contra él y a punto estuvo de hacerlo en un movimiento de rabia nerviosa, cuando volvio6 a ver a Jim del brazo de Stella cruzar el andén hacia la salida. La joven, devorada por una ira infernal, murmur6: —jOh, les odio, les odio como jamas odié a nadie en el mundo! Zenker, que habia perdido su aplomo, exclam6: —Fscuchen. Cuidense del equipaje y espérenme por los alrededores. Tengo que averiguar dénde van a hospedarse para no coincidir con ellos. Seria lamentable. —Bien —dijo Spack—. Nosotros le esperaremos fuera de la estacion. Bunker inclin6 las alas de su sombrero para ocultar su rostro y buscando los lugares mas escondidos y, a distancia, sigui6 al trio, el cual, desorientado, tuvo que preguntar por una posada donde pasar lo que restaba de noche. Cuando Zenker qued6 tranquilo sobre el particular, volvid en busca de Spack y de Vera y se internaron en el poblado. Necesitaban encontrar una nueva posada donde pernoctar hasta el dia siguiente. cConniclooolks C@©