ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 52 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 52: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 52: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

manana acababa de romper plenamente y bien podian pasar por viajeros recién apeados del tren que acababa de pasar por alli. Buscaron una posada, y encerrados en ella, Zenker hablo: —NMi idea es la siguiente. Sacé del bolsillo un mapa que siempre llevaba e indicando el recorrido de la linea con el dedo, pregunt6: — Qué agente tiene usted de confianza en Dallas? —Pues... esta Ryce. Es hombre activo y poco escrupuloso. Perfectamente. Esciichenme. Este es el Red River, aqui no daria tiempo a actuar porque esta muy pr6éximo a este lugar, pero aqui tenemos Greenville a unas cincuenta millas de Dallas. Si telegrafiamos a Ryce por medio de nuestra clave secreta, tendra tiempo de reunir gente apta y desarrollar un plan eficaz. — i Qué plan? —Sencillamente, éste. Desplazar a Greenville algunos de nuestros mas decididos hombres, colocar una mina en el puente sobre el Sabine y hacer volar el tren cuando cruce por alli. El convoy se precipitara en el rio y lo mas seguro es que no se salve ni un cinco por ciento de los que viajan en el tren. Vera, a pesar de su temple, se estremecié y Spack se puso palido, pero Zenker, enérgico, apunto: —Es la unica forma de que se libren ustedes de Stella y de que todos eliminemos al fantasma de Texas. No olviden que aparte de ser hombre activo y peligroso, cuenta con mucha gente que le adora. Sospecho que no obra por cuenta propia, sino por alguien de las alturas y si se dirige a Texas, va a frustrar nuestros planes sobre la presa. Ustedes piensen lo que les convenga y después, no se lamenten si el haberse mostrado blandos les cuesta muchos millones de ddlares o acaso la vida. Spack, rechinando los dientes, exclamo: —Usted gana. Haga lo que le plazca, hagalo. Vera no dio su opinion, pero dej6 escapar de sus ojos una luz de salvaje alegria. Entonces Zenker advirtio: —Bien, quédense aqui que voy a telegrafiar a Ryce. Espero que haya tiempo y todo salga bien. El cruel secretario abandon6 la posada v se dirigié a la pequena estacién de telégrafos, donde curs6 un telegrama al parecer de inocente contenido comercial, pero en aquel astuto texto iba firmada la sentencia de muerte de mas de un centenar de personas. Cuando regres6 satisfecho, dijo: —Creo que de momento no hay mas que hacer. — Hemos de quedarnos aqui? —pregunto Vera. —Nada mas que hasta manana a estas horas. Cuando pase, el SaC©)