Pulp Fiction, 1940 · page 36 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 36: what you’re looking at
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y cortante soplaba con violencia a causa de la velocidad del convoy. La noche estaba serena y el cielo de un azul intenso mostraba el magnifico manto de estrellas que le punteaban. Jim conocia a fondo todos aquellos paisajes y tratd de orientarse. Llevaban muchas horas rodando desde que salieron de Memphis y segtin sus calculos debian encontrarse mas alla de Pine Bluf, en el coraz6n de Arkansas. Texas suponia que mediado el dia siguiente llegarian a Texarkana en la divisoria de Texas. ¢Doénde pensaria Spack dar el golpe? Esto era lo que le preocupaba. Ignoraba si habria aprovechado ya alguna de las varias paradas que habia realizado el convoy o si atin no habia tenido tiempo de telegrafiar. Tendria que espiar la primera parada. Si nadie se apeaba alli, seria senal de que el aviso estaba ya cursado y debia ponerse en guardia desde aquel momento. Por fin el tren acort6 la marcha deteniéndose en una estaci6n bastante importante Jim consigui6 leer el nombre del poblado. Thornton; atin estaban a doscientas millas de la divisoria. A través de la ventanilla atisb6 los pocos viajeros que se apearon alli, pero no descubri6 a Spack ni a Zenker. Aquello le indicé que todo lo tenian resuelto y que sdlo era cuestién de horas tener noticias directas suyas. Desde aquel momento, convenia el mantenerse a la expectativa. Debian vigilar todas las estaciones para darse cuenta de la cantidad y clase de individuos que subian al convoy y decidioé llamar a Nino. Este se hallaba entregado a unos suefios amorosos sublimes y la llamada le cort6 bruscamente una de las mas espectaculares conquistas que habia hecho en su vida. Malhumorado, gruné: —Fsta bien, manito... pero podias haber esperado un poco. Estaba a punto de casarme con la hija del rey de los ranchos, nada menos. Me has chafado una noche de bodas magnifica, creo yo. —No seas romantico y ponte en la realidad. Me temo que otros traten de cortarte no una noche de bodas ilusoria, sino ese bonito pescuezo que tienes. Nino se llev6 la mano a la garganta, grunendo: —A mi? Dime quién es ese fajao capaz de intentarlo y te ofrezco como desayuno la parte de su cuerpo que mas te guste. —Escucha, Nino. Va a haber tiros pronto. — De verdad, enanito? Linda fiesta creo yo. ;Cuando? —No sé, pero nos preparan una emboscada. Escucha. Y le cont6é todo lo que Stella le habia revelado. Nino, rabioso, rugio: —jRepinto! ¢Y aun no has entrado a retorcer el ganote a ese par de coyotes? ;Manito, que no te conozco! cConniclooolks C@©