Pulp Fiction, 1940 · page 22 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 22: what you’re looking at
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Capitulo Il Texas acepta una proposicion Después de una cena agradable en la que Nino tuvo que realizar esfuerzos desesperados para comportarse un poco elegantemente en el comedor, volvieron al vagén, en el que la conversacién se reanud6é durante un buen rato. Jim, a pesar de que Vera acaparaba o pretendia acaparar toda su atenci6n, no dejaba de observar de reojo a Stella, descubriendo que la muchacha parecia cohibida delante de su prima y sin atreverse a terciar en la conversacion. Dos o tres veces que lo hizo y a Vera no le parecié adecuado lo que dijo, la reprendio con acritud, obligando a la joven a replegarse en un mutismo violento y Jim termino por hacerse una idea aproximada del caracter de Vera, juzgandole agria, dominante y aspera con la muchacha, a la que parecia no tener un afecto muy familiar. A Jim le extranéd aquella diferencia y se propuso averiguar el misterio familiar que les separaba. Diriase que Stella era la Cenicienta de una casa rica y poderosa, en la que se hallaba recogida poco menos que de caridad. Vera, por su parte, atraida por el porte viril de Jim, por su charla amena y su aire distinguido, crey6 adivinar en él algo mas que lo que fingia y suavemente, trat6 de sonsacarle detalles de su vida y de su futuro, sin que él dejase traslucir nada de cuanto le interesaba, cosa que parecia encrespar subterraneamente a la millonaria. Por su parte, Nino realizaba violentos esfuerzos, permaneciendo callado. Fingia dormir, pero devoraba con los ojos a Vera y hasta a escondidas se habia permitido hacerla algtin guifo expresivo que no obtuvo éxito. Después de una velada que se dilat6 bastante, Vera sintid sueno y decidié pasar a ocupar la litera que tenia reservada para ella y su prima. La joven, graciosa y dinamica, se despidi6 efusivamente, diciendo: —Supongo que podremos dormir tranquilas teniéndole a usted como angel guardian de nuestro sueno. Espero que su amigo se reporte y no se sienta tentado por el punado de ddlares que guardan nuestros bolsos. Jim bes6 su mano galante, diciendo —No se preocupe. Ahora le pongo un par de esposas a los pies y otras en las manos y espero que se muestre tranauilo, Ya. esta C@©