Pulp Fiction, 1940 · page 11 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 11: what you’re looking at
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hombres decididos en mis haciendas de California, que formarian un batall6n capaz de tomar de nuevo Richmond si hiciese falta. El Presidente le entregd varios documentos con los sellos oficiales y su firma, y Jim los guard6 en su bolsillo. Luego, saludando militarmente, exclamo: —Senor Presidente; mil gracias por haberse acordado del capitan Texas para esta delicada misién. Espero que tenga usted noticias mias dentro de poco y que estas noticias sean de su completa satisfacci6n. —Estoy seguro de que asi sucedera, senor Texas. Este abandono el despacho seguida del secretario, el cual estrech6é su mano diciendo: —Créeme, Jim; si algo siento, es estar atado a este cargo que me impide moverme a mi gusto, sino, jcon qué placer me iria contigo a los espacios abiertos, donde el revélver es un argumento decisivo contra los duros de cabeza! Hace mucho tiempo que no siento la emocion del peligro y la echo de menos. —Qué le vamos a hacer. Cada uno sigue su sino. Yo estoy destinado a pelearme con cuatreros y pistoleros, hasta que alguno me acierte bien, y debo seguir mi ruta. Lewis, que te vaya bien y hasta dentro de poco, que espero regresar victorioso. —Yo asi lo espero. Quien jamas conocio la derrota y puede tapar su corazon con docenas de cruces muy bien ganadas, no puede fracasar en esta empresa. jAdelante por Texas! Jim abandonoé la Casa Blanca y se dirigiéd al hotel, donde previamente habia tomado hospedaje; alli le estaba aguardando flematicamente uno de los tipos mas pintorescos de toda la confederacion. Se trataba de un individuo grande como un oso, de pelo negrisimo y ensortijado, de labios un poco gruesos, disimulados por un bigote negro y abundante, que el interesado cuidaba con esmero. Tenia las manos como mazas, los ojos negros y brillantes, una sonrisa bonachona, que ocultaba muchas reacciones dificiles de adivinar y el acento, al hablar, le denunciaba como mexicano tipico. En efecto, lo era. Habia peleado al lado de Jim durante la guerra y por dos veces Texas le habia salvado la vida en acciones donde el mejicano, que se llamaba Nino Mendoza, habia realizado heroicidades, sin dar importancia alguna a sus actos. Nino adoraba a Jim, porque le aventajaba en audacia y valor y por él hubiese dado gustoso la vida sin vacilar, en compensacion a haber salvado la suya. Jim tenia una confianza ciega en su auxiliar. Este carecia de imaginacion para pensar, habia que darle las cosas estudiadas, pero cuando se le confiaba una misi6n, ni peligros ni od cultades C@©