Penny Dreadfuls, 1875 · page 338 of 400
Varney El Vampiro — page 338: what you’re looking at
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—Entonces no hay mas remedio: debemos irnos lejos. —No, Flora, déjame pensarlo por ti; y aunque, como principio general, sé que lo que digo es cierto, quiza surja alguna circunstancia particular que nos indique un camino que, al mismo tiempo que nos permite, por el bien de Charles Holland, permanecer en este vecindario, nos brinde la discreci6n que deseamos. —Hermano... querido hermano —dijo Flora, abrazandose al cuello de Henry—, me hablas con animo y, mas aun, crees en la fidelidad y la honestidad de Charles. —Lo juro ante el cielo, asi es. —DMiuil, mil gracias por una seguridad asi. Lo conozco demasiado bien para dudar, ni un momento, de su lealtad. ;Oh, hermano! ;Podria él... podria Charles Holland, alma de honor, compendio de todos los nobles impulsos que pueden adornar a la humanidad... podria haber escrito esas cartas? ;No, no! jQue perezca la idea! —Ha perecido. —Gracias a Dios. —Solo me sorprendo, al pensarlo, de haber podido sospechar de él, aunque fuese un instante, dejandome enganar por la coincidencia de tantas circunstancias. —Es propio de tu caracter generoso decirlo; pero sabes tan bien como yo que ha habido aqui alguien que, lejos de esforzarse en pensar lo mejor de nuestro pobre Charles Holland, ha hecho todo lo posible por adoptar la peor interpretacion de su misteriosa desaparicion y por inducirnos a hacer lo mismo. —({Te refieres al senor Marchdale? —Si. Y, Flora, aunque debo admitir que tienes motivos para hablar asi del senor Marchdale, cuando consideramos todas las cosas, quiza puedan encontrarse excusas para él. —({De verdad? —Si, Flora; él es un hombre, como dice, que ya ha pasado el mediodia de la vida, y el mundo es un maestro triste y a la vez cruel, porque muy pronto —demasiado pronto— nos quita la confianza en la naturaleza humana. —Tal vez sea asi; pero aun asi, conociendo tan poco a Charles Holland, lo juzg6 de manera precipitada y severa. —DM as bien deberias decir, Flora, que no lo juzgo con generosidad. —Pues bien, que asi sea. —Y debes recordar, cuando lo dices, que Marchdale no queria a Charles Holland. —Vaya, ahora —dijo Flora, mientras un leve rubor cruzaba por su meyilla— estas empezando a bromear conmigo; asi que no digamos mas. Sabes, querido Henry, todas mis esperanzas, mis deseos y mis sentimientos, y por eso dejaré mi destino futuro en tus manos, para que dispongas de él como creas conveniente. ; Mira alla! —j{ Donde’? —Ahi. {Ves al almirante y al sefor Chillingworth caminando entre los arboles? —Si, si; ahora los veo. —QQué serios y concentrados estan en el asunto de su conversaciOn. Parecen completamente ajenos a todo lo que los rodea. No hubiera imaginado ningun tema que pudiera absorber de ese modo la atenci6n del almirante Bell. —FE] senor Chillingworth tenia algo que contarle o proponerle, de una naturaleza que, quiza, ha conseguido captar toda su atencion: lo llamo para que saliera de la sala. —Si; lo vi hacerlo. Pero miralos, vienen hacia nosotros, y ahora, probablemente, sepamos cual es el asunto de su conversacion y su consulta. CONniluCEOOOlKS.€O _~