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Penny Dreadfuls, 1875 · page 253 of 400

Varney El Vampiro — page 253: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 253: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Desde el techo caia continuamente agua, con salpicaduras sibilantes y sorprendentes sobre el charco de abajo. En un extremo, cerca del techo —tan cerca que alcanzarlo, sin los medios mas eficientes desde dentro, era imposible— habia una pequefa reja de hierro, no mucho mas grande de lo que podria cubrir totalmente un rostro humano colocado frente a ella desde el exterior de la mazmorra. Ese horrendo lugar estaba habitado. En un rincon, sobre un monton de paja que parecia recién colocado alli, yacia un prisionero sin esperanza. No es exagerado suponer que de sus labios habia salido aquel sonido de terror y afliccion que habia perturbado la quietud de aquel lugar solitario. El prisionero estaba tendido sobre su espalda; una tosca venda alrededor de su cabeza, manchada de sangre en varios puntos, parecia indicar que habia sufrido heridas personales en algun reciente enfrentamiento. Sus ojos estaban abiertos. Fiyaban, con desesperaciOon —quiza inconscientemente—, aquella pequefia reja que daba al mundo exterior. La reja se inclina hacia arriba y mira al oeste, de modo que quien estuviera confinado en esa lugubre mazmorra podia ser tentado, en un dulce dia de verano, al contemplar el cielo azul y las nubes blancas que pasaban, esa libertad que no podia esperar. Incluso el canto de un pajaro podria llegar hasta él. ; Ay! Triste recuerdo de vida, alegria y libertad. Pero ahora todo era una penumbra creciente. El prisionero no veia nada, no ofa nada; y el cielo no estaba completamente oscuro. Aquella pequena reja parecia una extrafa mancha de luz en la pared de la mazmorra. jEscucha! Se oye un paso. El chirrido de una puerta le sigue; un rayo de luz entra en la mazmorra, y la alta figura misteriosa, envuelta en su capa, se planta ante el ocupante de aquel miserable lugar. Luego entra el otro hombre, portando materiales de escritura. Se inclina sobre el lecho de piedra donde yace el prisionero y le ofrece una pluma, mientras lo levanta parcialmente del miserable y himedo colchon. Pero en los ojos de aquel oprimido no hay especulacion. En vano se le coloca repetidamente la pluma en la mano, y un documento de cierta extensiOn, escrito en pergamino, se despliega ante él para que lo firme. En vano lo sostienen ambos hombres, que asi lo habian buscado misteriosamente en su mazmorra; no tiene fuerzas para hacer lo que desean. La pluma cae de su agarre flacido, y con un profundo suspiro, cuando dejan de sostenerlo, se deja caer pesadamente sobre el lecho de piedra. Entonces los dos hombres se miraron en silencio durante aproximadamente un minuto; tras lo cual el que era mas bajo de los dos levant6 una mano y, con voz cargada de odio y pasion concentrada, horrible de escuchar, dijo: —jMaldita sea! La respuesta del otro fue una risa; luego tomo la luz del suelo e hizo sefias al que parecia tan incapaz de controlar sus sentimientos de amargura y decepcion para que saliera del lugar con él. Con rapidez y vehemencia, mostrando cuan enojado estaba, el hombre mas bajo de los dos enroll6 ahora el pergamino y lo colocé en el bolsillo interior de su chaqueta. Dirigid una mirada devastadora, cargada de intenso odio, hacia el prisionero casi inconsciente, y luego se dispuso a seguir al otro. CONniluCEOOOlKS.€O _~