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Penny Dreadfuls, 1875 · page 184 of 400

Varney El Vampiro — page 184: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 184: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Ya veo; {y hay mucho oro depositado en las bévedas? —Creo que hay una inmensa cantidad en las bévedas. —{Y cual es tu motivo para decirme esto sobre ese tesoro de metal precioso? —Pues, doctor, pensé que usted 0 yo podriamos necesitar unos cuantos lingotes; y que, si actuasemos en concierto, podriamos Ilevarnos, en distintos momentos, y esconder en algun lugar suficiente como para hacernos ricos de por vida. —Me gustaria ver ese oro antes de decir nada —respondio el doctor, pensativo. —Como guste; consiga una lampara que no se apague con las corrientes de aire repentinas, o algun medio para volver a encenderla, y le acompanaré. —({ Cuando? —Esta misma noche, buen doctor, cuando vera una cosecha de oro que nunca hubiera esperado ni creido. —Que sea esta noche —replicé el doctor—. Tendré una lampara que sirva a nuestro proposito y algunas otras cosas. —Hagalo, buen doctor —dijo el conde, y se retiro de la celda del fildsofo. —E] plan cuaja —dijo el conde a la condesa—; dame las llaves, y el digno hombre estara seguro antes del amanecer. —jNo sospecha? —pregunto ella. —En absoluto. a & & Aquella noche, alrededor de una hora antes de la medianoche, el conde Morven se desliz6 hacia la habitacion del filosofo. Llamo a la puerta. —Pasa —dijo el fildsofo. El conde entro y vio al fildsofo sentado, junto a él una lampara de construccion peculiar, rodeada de una jaula de alambre, y un manto. — Estas listo? —pregunto el conde. —Completamente —respondio él. — Esa es tu lampara? —Si. —Sigueme, entonces, y sujeta la lampara bastante alto, porque el camino es extrafio y los peldanos empinados. —Adelante. —Te habras decidido, supongo, sobre la parte del botin que aceptaras conmigo. —{Y sino acepto? —djjo el filosofo, con calma. —Se vendra abajo el negocio y devuelvo las Ilaves a su sitio. —Dudo que me niegue, si no me has engafado respecto a la cantidad y pureza del metal que han almacenado. No soy buen perito de metales, doctor; no soy ensayador; pero creo que lo que voy a mostrarte superara con creces tus esperanzas en ese sentido. —Bien; procede. Llegaron ahora a la primera béveda, donde estaba la primera puerta, y con cierta dificultad abrieron la puerta de la camara. —No se ha abierto en algun tiempo —djjo el fildsofo. —Me imagino que no; apenas solian venir por aqui, por lo que averigué, aunque se guarda en gran secreto. —yY nosotros podremos guardarlo también. CONniluCEOOOlKS.€O