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Penny Dreadfuls, 1875 · page 160 of 400

Varney El Vampiro — page 160: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 160: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—No me hables ahora de afecto ni de amor, Charles. No me digas que me amas ahora. —j{No decirte que te amo? —exclamo—. j;Ah, Flora! Si mi lengua, con su pobre elocuencia para expresar un sentimiento asi, cumpliera su funcion, cada rasgo de mi rostro contaria la historia. Cada gesto mostraria al mundo cuanto te amo. —No debo escuchar esto ahora. ;Gran Dios del Cielo, dame fuerzas para llevar a cabo el proposito de mi alma! —({ Qué proposito es ese, Flora, por el que oras tan fervientemente para hallar fuerza para ejecutarlo? Oh, si tiene algo de razon contra la majestad del amor, olvidalo. El amor es un don del Cielo. El mas grande y glorioso que haya otorgado jamas a sus criaturas. El Cielo no te ayudara a repudiar aquello que es la unica gran virtud redentora que salva a la naturaleza humana de un mundo de reproches. Flora se retorc10 las manos desesperadamente mientras decia: —Charles, sé que no puedo razonar contigo. Sé que no tengo poder de palabra, ni aptitud para la ilustracion, ni profundidad de pensamiento para mantener contigo una contienda mental. —Flora, {por qué contiendo yo? —Tu... hablas de amor. —Y ya te he hablado antes de un amor sin restricciOn. —Si, si. Antes de esto. —Y ahora, {por qué no ahora? No me digas que has cambiado. —He cambiado, Charles. Temiblemente cambiada. La maldicion de Dios ha caido sobre mi; no sé por qué. No sé que haya hecho mal en palabra ni pensamiento, salvo quiza sin darme cuenta, y sin embargo... el vampiro. —No permitas que eso te atemorice. —({Atemorizarme? Me ha matado. —No, Flora, piensas demasiado en algo que todavia espero pueda tener una explicacion mucho mas racional. —Por tus propias palabras, entonces, Charles, debo condenarte. No puedo, no me atrevo a ser tuya mientras tan espantosa circunstancia pende sobre mi; si se encuentra una explicaci6n mas racional que la horrible que mi fantasia da a la forma que me visita, encuéntrala y salvame de la desesperacion y la locura. Ahora habian llegado al cenador, y mientras Flora pronunciaba estas palabras, se arrojo sobre un asiento y, cubriéndose el hermoso rostro con las manos, solloz6 convulsivamente. —Has hablado —dijo Charles, abatido—. He escuchado lo que deseabas decirme. —No, no. No todo, Charles. —Seré paciente entonces, aunque lo que aun tengas que anadir pueda desgarrar mis propias entrafias. —Debo anadir, Charles —dijo ella con voz temblorosa—, que la justicia, la religion, la misericordia, todo atributo humano que lIleve el nombre de virtud, me llama a no retenerte en los votos hechos bajo otros auspicios. —Continua, Flora. —Te imploro entonces, Charles, considerando que me encuentro como estoy, que me dejes al destino que el Cielo ha dispuesto para mi. No te pido, Charles, que dejes de amarme. —sta bien. Continua, Flora. —Porque me gustaria pensar que, aunque quiza nunca vuelva a verte, aun me amarias. Pero debes pensar poco en mi, y esforzarte por ser feliz con otra... CONniluCEOOOlKS.€O