Penny Dreadfuls, 1875 · page 108 of 400
Varney El Vampiro — page 108: what you’re looking at
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—Pero, senor Chillingworth, no puedo ni quiero renunciar a las sublimes verdades de las Escrituras. Pueden ser incomprensibles; pueden parecer inconsistentes; y algunas pueden parecer ridiculas; pero aun asi son sagradas y sublimes, y no renunciaré a ellas aunque mi razon no las comprenda, porque son las leyes del Cielo. No es de extranar que este poderoso argumento hiciera callar al sefor Chillingworth, quien era uno de esos personajes de la sociedad que sostienen opiniones terribles, que destruirian las creencias religiosas y todas las diferentes sectas del mundo, de poder hacerlo, e intentarian imponer en su lugar un horrible sistema de razon humana y filosofia profunda. Pero qué rapido hace callar el hombre religioso a su oponente; y no se piense que, porque el oponente no diga mas sobre el asunto, lo hace por disgusto ante la estupidez del otro; no, es porque esta completamente vencido y no tiene nada mas que decir. La distancia entre la iglesia y la mansion ya estaba casi recorrida, y el senor Chillingworth, que era un hombre muy bueno a pesar de su incredulidad en ciertas cosas —y, por cierto, abria el camino al infierno—, se despidi6 cordialmente de Marchdale y de los hermanos, prometiendo regresar a la manana siguiente para ver a Flora. Henry y George, entonces, en seria conversacion con Marchdale, se encaminaron hacia su casa. Era evidente que la escena en la cripta habia dejado en ellos una profunda y triste impresion, y una que probablemente no se borraria facilmente. CAPITULO IX LOS SUCESOS DE LA NOCHE EN EL SALON. LA SEGUNDA APARICION DEL VAMPIRO Y EL DISPARO DE PISTOLA. A pesar del pleno y libre consentimiento que Flora habia otorgado a sus hermanos para confiarse unicamente al cuidado de su madre y a su propio valor en la mansion, un temor creciente se apodero de ella tras la partida de ellos, mas de lo que estaba dispuesta a reconocer. Una especie de presentimiento parecia envolverla, como si un mal estuviera a punto de ocurrir, y mas de una vez se sorprendi6 a si misma casi en el acto de decir: —QOyala no se hubieran ido. ‘T'ampoco podia suponerse que la sehora Bannerworth estuviera completamente exenta de sentimientos incOmodos, al considerar cuan pobre guardiana era de su hermosa hiya y cuanto terror podria privarla incluso del poco poder que poseia, si el terrible visitante hiciera nuevamente su aparicion. —Pero son solo dos horas —pens6 Flora—, y dos horas pronto pasaran. Habia, ademas, otro sentimiento que le proporcionaba cierta confianza, aunque surgia de una mala fuente, en cuanto mostraba claramente cuanto se centraba su mente en los pormenores de la horrible creencia en esa clase de seres sobrenaturales, uno de los cuales ella creia que la habia visitado. Esa consideracion era la siguiente: las dos horas de ausencia de los hombres de la mans16n serian de las nueve a las once, y no eran esas las dos horas durante las cuales se sentiria mas timida a causa del vampiro. —FEra pasada la medianoche —pens6— cuando vino antes, y quizas no pueda venir antes. Puede que no tenga poder hasta esa hora para realizar sus horribles visitas, y, por lo tanto, creeré que estoy a Salvo. _~ COMicloOolxS. con