Penny Dreadfuls, 1875 · page 101 of 400
Varney El Vampiro — page 101: what you’re looking at
A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
crei no tener, se habian incluido, en la prisa de nuestra partida, junto con las velas. De verdad, los habria buscado en vano en casa. El senor Chillingworth encendio la vela de cera que Marchdale le habia entregado, y en un instante la cripta quedo perfectamente visible de un extremo a otro. CAPITULO VIII EL ATAUD. LA AUSENCIA DE LOS MUERTOS. LA CIRCUNSTANCIA MISTERIOSA Y LA CONSTERNACION DE JORGE. Permanecieron todos en silencio unos instantes, mientras miraban a su alrededor con un natural sentimiento de curiosidad. Dos de los presentes, por supuesto, nunca habian estado en esa cripta, y los hermanos, aunque habian descendido a ella en la ocasi6n —casi un ano antes— en que su padre fue colocado alli, todavia la contemplaban con ojos casi tan curiosos como los de quienes la veian por primera vez. Si un hombre es de temperamento reflexivo 0 imaginativo, algunas sensaciones curiosas seguro lo asaltan al situarse en un lugar asi, donde sabe que a su alrededor yacen, en la calma de la muerte, aquellos en cuyos venas corrio sangre emparentada con la suya —que llevaron el mismo nombre y que le precedieron en el breve drama de su existencia, influyendo probablemente en su destino y en su posicion en la vida, a menudo por sus acciones, compuestas de virtudes y vicios. Henry Bannerworth y su hermano George eran justamente el tipo de personas que sentian intensamente esas sensaciones. Ambos eran jovenes reflexivos, imaginativos y educados, y, mientras la luz de la vela de cera se reflejaba en sus rostros, era evidente cuan profundamente percibian la situaciOn en que se encontraban. El senor Chillingworth y Marchdale permanecieron en silencio. Ambos sabian lo que pasaba por la mente de los hermanos y tenian demasiada delicadeza para interrumpir un hilo de pensamiento que, aunque no compartieran —al no tener afinidad con los muertos que yacian alrededor—, respetaban. Finalmente, Henry, con un sobresalto repentino, parecio recobrarse de su ensonacion. —Este es un momento para la accion, George —dijo—, no para pensamientos romanticos. Sigamos adelante. —Si, si —respondio George, y dio un paso hacia el centro de la cripta. —({Podras averiguar entre todos estos ataudes —dijo el senor Chillingworth—, que parecen ser casi veinte, cual es el que buscamos’? —Creo que si —replicé Henry—. Algunos de los ataudes mas antiguos de nuestra familia, sé, estaban hechos de marmol, y otros de metal, materiales que, supongo, resistirian el paso del tiempo al menos durante un siglo. —Examinemos —dijo George. Habia estantes o nichos construidos en las paredes alrededor, sobre los cuales descansaban los atatdes, de modo que no debia haber mucha dificultad en revisarlos uno por uno. Sin embargo, cuando comenzaron a mirar, descubrieron que los “dedos ofensivos de la decadencia” habian trabajado mas de lo que podian imaginar, y que todo lo que tocaban de los ataides mas antiguos se desmoronaba en polvo entre sus dedos. CONniluCEOOOlKS.€O